Por José Luis JÁQUEZ BALDERRAMA
CHIHUAHUA CHIH.- De cara a las elecciones intermedias (2027) en México, estamos ante un fuerte cuestionamiento al régimen de partidos. No tienen credibilidad ante los ciudadanos.
En la actualidad existe una fuerte efervescencia teórica y práctica en los promotores políticos, aunque en la noción que el ciudadano tiene de la política, es de desconfianza hacia los representantes de todos los partidos, principalmente por la corrupción e incumplimiento de las promesas de campaña.
Otro elemento, es la división interna de los partidos, lo que ha desvirtuado en gran parte los principios de la política, entendida esta como la serie de determinaciones y relaciones recíprocas entre el régimen, la sociedad civil y los órganos políticos.
En reciente encuesta de Mexicanos en contra de la Corrupción y la Impunidad (MCCI) se informa: “es alarmante y desalentador, que el 73% piensa que hay mucha corrupción en los partidos. Y el 56% opina que existe mucha corrupción en las autoridades electorales.
Por su parte la Universidad de Hidalgo publicó un estudio donde revela que un 70% de los mexicanos tiene poca o ninguna confianza en los partidos políticos, sólo el 4% de la población confía en los partidos; el 52% de los ciudadanos está poco o nada satisfecho con la actual democracia en México.
La polarización ha llevado a los partidos a un adelgazamiento y con ello rechazo de los votantes y a la postre la pérdida del registro en el todavía INE, el mejor ejemplo es el PRD y PANAL.
Un partido propone actuar concertadamente en la lucha competitiva por el poder político y el bienestar de la sociedad, pero desafortunadamente estamos ante un fenómeno de dispersión ideológica.
Las promesas de campaña, el control corporativo, los fundamentos ideológicos que dieron cuerpo a las respectivas estructuras partidarias, son objeto de constantes cuestionamientos de la sociedad.
Pero, también es notorio que la crisis económica trajo consigo una serie de factores distorsionantes de la tradicional relación Estado-sociedad. El ciudadano culpa al partido ganador de la crisis económica y lo manifiesta en las urnas.
MCCI remata: “En una democracia ideal los ciudadanos deberían confiar que las autoridades electorales y que los partidos políticos no sean corruptos. Los primeros porque son quienes vigilan el debido proceso electoral. Los segundos porque aquel partido que resulte ganador se convertirá en quien gobierne el país”.



