Crónicas Urbanas de Chihuahua: Ciudad Juárez y el imperio de “La Nacha” (II parte)

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Por: Oscar A. Viramontes Olivas

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En esta segunda entrega de este tema tan interesante, sobre uno de los personajes más emblemáticos relacionado con el tráfico de drogas en Ciudad Juárez en los años 20 del siglo pasado y me refiero a la señora Ignacia Jasso González, mejor conocida como la “Nacha”, cuando el 21 de agosto de 1925, muy cerca de las 11 de la mañana, agentes de la Policía Judicial, realizarían la entrada a la vivienda de este personaje, la cual, estaba situada en la calle Victoria con el número 13, con la finalidad de llevar a cabo una orden de cateo relacionada con el delito de tenencia y comercio de sustancias ilícitas, Sin embargo, aquella mañana, mientras Ignacia Jasso ya tenía las esposas puestas, reposaba en la vivienda que compartía con su esposo, el señor Pablo González, apodado “El Pablote”, donde las autoridades realizarían un registro que duraría 30 minutos en cada uno de los muebles.

Su encuentro con la justicia, marcó el comienzo de su narrativa de impunidad, por ello, los documentos conservados en la “Casa de la Cultura Jurídica” indican que desde 1925, y hasta comienzos de la década de 1940, la primera mujer en liderar un cártel de drogas, fue la “La Nacha”, utilizando en al menos siete ocasiones, el recurso del juicio de amparo para eludir las acusaciones que pesaban sobre ella, entre las que, se encontraba el tráfico de drogas en el interior de la Cárcel Pública de Ciudad Juárez, así como, la posibilidad de ser enviada a las Islas Marías para cumplir su condena.  Así mismo, durante esta revisión, encontraron algunas sustancias, once envoltorios que, aparentemente contenían heroína, veintisiete que parecía ser morfina, y un paquete de hierba que supuestamente era marihuana. Solamente tres días más tarde, el 24 de agosto, se le dictó auto de formal prisión, por consiguiente, alegando que padecía de bronquitis, y que, estaba en su séptimo mes de gestación, por ello, Ignacia Jasso, presentaría un recurso de amparo, solicitando cumplir su condena en el Hospital Civil Libertad, argumentando que la Cárcel Pública, era estrecha, poco higiénica, y carecía de una sección para mujeres, así como, de recursos necesarios para atender su condición médica.

En toda este ir y venir, “La Nacha”, acusaría a las autoridades de mantener sesgos hacia aquellos que habían sido procesados por infracciones en contra de la salud pública, a pesar de que, hasta esa fecha, solo tenía un antecedente relacionado con el delito por el que, se le acusaba, del cual fue absuelta. “Me ocasionan molestias personales sin fundamento legal, tanto al privarme de mi libertad como al confinarme en un lugar que no me corresponde”, expresó Ignacia. No obstante, de acuerdo con la declaración del agente de la Policía Judicial, Gustavo Musy, al llegar al domicilio de la acusada, hallarían a Ignacia durmiendo en una habitación, y durante el procedimiento de cateo, ella despertó y, de manera inmediata, sacó una bolsa de cuero que intentó ocultar entre sus pertenencias. Al solicitarle que la entregara, repuso: “No les voy a dar nada, quítenmela si pueden”.

Posteriormente, pediría hablar con un oficial en otra habitación de la vivienda y, tras mostrarle la bolsa que contenía cocaína, le propuso 250 dólares a cambio de su liberación. Pese a que “La Nacha” refutó el relato de los policías, afirmando que la única realidad era que se encontraba dormida cuando ingresaron en su hogar, y alegando su deteriorado estado de salud, fue condenada a cumplir su pena en prisión.  Con el transcurso de los años, “La Nacha” logró avanzar como traficante de drogas, adquiriendo, a su vez, influencias que le permitieron evadir la prisión; el primero, en agosto de 1930, cuatro agentes de la Delegación Sanitaria Federal, llegarían a su residencia, con la noble intención de combatir el tráfico de estupefacientes tan extendido en esta frontera, sin embargo, terminaron enfrentando cargos por cohecho y abuso de autoridad. Eran ya casi las 11 de la noche, cuando los agentes sanitarios se presentarían en el domicilio, de quien, describieron como “una conocida traficante de drogas de esta localidad”, afirmando que poseían una orden de cateo en busca de drogas, y armamento, pero únicamente encontraron una pistola, y solicitaron el pago de 100 dólares a cambio de no arrestarla. Al día siguiente, “La Nacha” se encontraría con uno de los agentes en la calle, quien, según su declaración, le pidió que no revelara nada de lo acontecido y le devolvería la pistola.

No obstante, la mujer rápidamente los acusó de actuar en nombre de un departamento que no era el suyo, y de haber allanado su domicilio sin una orden de cateo, lo que resultó en la detención de dos de los cuatro oficiales, quienes fueron encarcelados, así, para el 27 de septiembre de 1930, los funcionarios de salud iniciarían un juicio de amparo en el que negaron haber sido requeridos por la Jefatura de Guarnición, y afirmaron que el arma les había sido prestada.  También desmintieron haber solicitado dinero a cambio de no arrestar a Ignacia.  Sin embargo, tras un enfrentamiento verbal con la “feroz” dama, y otro individuo implicado en un incidente diferente, dicha apelación fue desestimada. Por ello, apenas un año después, el 16 de abril de 1931, mientras Ignacia Jasso estaba detenida en la Cárcel Pública, se llevaría a cabo una investigación en respuesta a las denuncias relacionadas con el tráfico de drogas dentro de la prisión.  Esta pesquisa, no solo destapó la corrupción que permitía la venta de narcóticos por parte de “La Nacha”, sino también, las condiciones precarias de la única cárcel de la ciudad, así como los métodos que utilizaba para obtener las sustancias.

“Los internos de ese establecimiento, quienes son adictos a las drogas narcóticas, en lugar de recibir tratamiento, permanecen dentro de la prisión y a través de observaciones realizadas durante su estancia de cuatro meses, llegó a comprender que los que traficaban con drogas dentro del penal, eran de hecho, los mismos capataces”, atestiguó un preso. A las 10 de la noche, tras recibir una denuncia sobre “diversas irregularidades delictivas descubiertas a raíz de un registro en la cárcel pública de esta ciudad”, un grupo de oficiales, encabezado por el comandante de Policía, y otros jefes de seguridad, realizarían un operativo en las instalaciones, en las cuales, se hallaron heroína, cocaína, mariguana, instrumentos para la inyección, así como cuchillos y navajas. No obstante, aunque ninguna de las sustancias fue hallada en posesión de Ignacia, la investigación la señaló como la figura central del negocio, tanto en la sección masculina como femenina de la prisión.

De acuerdo con testimonios, las drogas eran introducidas en el penal por el regidor de cárceles, quien visitaba a “La Nacha”, entre dos y tres veces por semana, entregándole de una a dos onzas de “droga heroica”, las cuales ella entregaba a otra reclusa para su venta al por menor, entre los adictos del penal. El concejal, recibía la sustancia ilícita desde la Ciudad de México a través del servicio de correo, procediendo a entregársela a Ignacia en sobres de correspondencia.  Asimismo, cada semana, le era permitido salir de la prisión para visitar su hogar, y pernoctar allí por dos noches, antes de regresar para continuar cumpliendo su condena.  Esto fue expuesto por su compañera de celda, quien, tras el operativo policial, fue ingresada en el Hospital Civil Libertad, debido a las lesiones infligidas por “La Nacha”.

El 28 de septiembre de 1930, ingresó a la prisión, la reclusa que había compartido celda con la traficante de drogas, y quien terminó siendo utilizada para actividades ilegales, tanto dentro como fuera del penal; tras la investigación, afirmaría que Ignacia Jasso, facilitaría su liberación mediante una fianza que otorgó el concejal. Sin embargo, una vez en libertad, se le pidió realizar entregas de narcóticos en diversas casas, y al no lograr cumplir con esta tarea, fue nuevamente encarcelada. Frente a la corrupción destapada, el abogado del concejal de cárceles, planteó un cuestionamiento al segundo juez de Distrito en el Estado, quien llevaría el caso: “¿Acaso será posible algún día saber, en medio de esta promiscuidad, además, comentó que “la realidad es que, si hay tráfico de narcóticos en la Cárcel Pública, y si existen exhibiciones vergonzosas, en vez de ser un espacio donde se cumpla con la regeneración que la ley establece para los penados, esto se convertiría en una culpa compartida.

Fuentes: Archivo del Supremo Tribunal de Justicia de la Ciudad de Juárez, Chihuahua; periodista Alejandro Gómez, Diario de Juárez; colaboración de Perla Yurissa Mendivil Mendivil y Angélica Pérez Ortez, Facultad de Contaduría y Administración, Universidad Autónoma de Chihuahua.

 

 

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