Crónicas Urbanas: Semana Santa con el Padre Toño

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Crónicas Urbanas de Chihuahua:

Semana Santa con el padre Toño Ramírez en Cristo Rey

Por: Oscar A. Viramontes Olivas

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Todos los días a eso de las 7:00 de la mañana inicio mis labores con una taza caliente de café  negro, en compañía de un buen libro, y en este inicio de Semana Santa 2025, comencé a leer un texto formidable que me llamó poderosamente la atención cuando lo adquirí, intitulado: “La amarga Pasión de Cristo”, de la religiosa Ana Catalina Emmerich que a lo largo de sus páginas, me fui adentrando a un pasado vivido durante mi juventud, recordando varios escenarios muy propios de esta fecha tan importante para millones de seres humanos en el mundo, y parte de esos recuerdos, se situaron cuando asistía asiduamente a la Iglesia de Nuestra Señora del Refugio, cuyo párroco, fue el padre Francisco Porras García y que además, al vivir en el barrio de Londres, escuchaba de la gente de la presencia de otro sacerdote de nombre Antonio Ramírez, “Toño”, como le decían de cariño, y párroco de la capilla de Cristo Rey.

Y ¿porque traigo a “colación” a este gran personaje?, bueno, por la sencilla razón que durante mi vida de creyente, lleve un catolicismo lleno de simbolismos, ritualismos, temores, misticismos, con ceremoniales “fríos” por más de 20 años de manera directa, participando de la Semana Santo en un sinfín de actividades cada año, observando a los feligreses que asistían a las ceremonias propias, con caras largas, llenos de tristeza, incluso, llorando porque iban a “entregar” a Nuestro Señor al horror del Calvario. Bajo esta perspectiva, estaba acostumbrado a todo eso. Toda mi niñez la viví en el barrio de la Obrera y a mis 15 años, nos cambiamos de casa al barrio de Londres en 1978, donde de principio, existía una capilla cerca dedicada a “Cristo Rey”, y administrada por el padre Antonio Ramírez Rivera, mejor conocido como el padre “Toño”, quien había visto por primera vez la luz en Coyame, Chihuahua, el 10 de enero de 1938. Su niñez, destacó por encontrarse inmerso en un entorno marcado por la intensa convivencia familiar, y la influencia de la tradición católica que rodeaba su vida; sus padres, le enseñarían el camino de Dios, sirviendo en la parroquia de Nuestra Señora del Rosario allá en Coyame, cuyo territorio pertenece a la Arquidiócesis de Chihuahua.

Toño, fue un niño normal, convivía con sus amigos, invirtiendo parte de su tiempo en juegos tradicionales de la época, sin embargo, algo lo hacía diferente de los demás, su inclinación a las cosas de Dios, apoyando como acólito en su parroquia, junto a su interés por la lectura de la Sagrada Escritura, restringida en aquellos tiempos para el pueblo, pues el lenguaje era el latín, sin embargo, de alguna manera se las ingeniaba para conseguir fragmentos de los evangelios a la edad de 10 años, cuando el calendario marcaba el 14 de octubre de 1948. Sin embargo, sus papás le veían mucha “madera” para entrar al seminario, de igual manera, su mentor el sacerdote José González, padre “Pepe”, frecuentemente dialogaba con ellos, sobre la vocación de Toño para el sacerdocio, y sí, pasarían los años y a la edad de 18 años, ingresaría a la “Acción Católica Joven Mexicana” (ACJM), el 13 de junio de 1956, permitiéndole reafirmar cada vez más su vocación sacerdotal y esto sería una catapulta para su decisión final.

Pero ¿cómo podría llegar a expresar esa vocación “ardiente”?, fue entonces cuando la  familia de Toño, se trasladaría a la ciudad de Chihuahua para ver algunos asuntos de trabajo del papá y, no pasaría mucho tiempo, cuando el joven Toño se presentaría ante el obispo auxiliar de la arquidiócesis de Chihuahua, monseñor Luis Mena Arroyo el 5 de mayo de 1965, exponiéndole su ferviente deseo de ingresar al seminario; el prelado, contando con cierto antecedente, quedó en revisar su caso, pasando varias semanas cuando recibiría una carta, donde se le decía que era posible ubicarlo en el seminario, sin embargo, debido a su edad que rebasaba los 18 años en 1958, se le sugirió asistir al seminario de Guadalajara, donde aceptaban casos como el de Antonio, diseñado para vocaciones tardías, donde estaría algunos años; de esta manera, continuaría su formación en la Ciudad de México y finalmente, regresaría a Chihuahua, siendo ordenado como sacerdote el 18 de agosto de 1972, por el arzobispo don Adalberto Almeida y Merino, quien en una ceremonia en Catedral, quedaría el joven Toño, consagrado como sacerdote para el Señor a los 34 años.

Estando en la parroquia de Cristo Rey en el barrio de Londres, empezó con una nueva corriente que no se había visto en la Iglesia católica de Chihuahua en años, el inicio del “movimiento carismático” a mediados de 1975, empezando a escandalizar a varios sectores conservadores de la misma Iglesia, sin embargo, cientos de fieles, empezaron a desbordar en sus misas, y por la falta de espacio en la pequeña capilla, inició el proyecto de edificación de la nueva parroquia que, al poco tiempo, y con la ayuda de sus fieles seguidores, tendría una parroquia con gran espacio, suficiente para albergar a la creciente comunidad de Cristo Rey, al fijar la misa “Carismática”, como sello distintivo de su ministerio los lunes a las 8:00 pm, siendo un verdadero hervidero espiritual de fe, donde no había lugar ni para un alfiler, ahí, a diferencias de las misas aburridas y frías que se daban en otras parroquias, Cristo Rey, con su párroco, Toño, generaba un gran bullicio y revolución entre cantos, aplausos, brincos y el “fuego del Espíritu Santo” que se desbordaba en su feligresía, y como centro de todo, la celebración eucarística.

Cuando tenía un servidor 18 años en abril de 1981, mis creencias religiosas eran demasiado conservadoras y acostumbrado a las ceremonias ritualistas de mi entonces catolicismo, me acerqué a Cristo Rey, vi que en plena Semana Santa había un “escándalo” al interior de la parroquia, por lo que esperé al padre Toño para “reclamarle” el supuesto “sacrilegio” en la Semana Mayor. Pasaron los minutos, y al llegar al final de la ceremonia, me encaminé a él, aunque ya me conocía, pero mi deseo era solicitarle explicaciones del “supuesto sacrilegio”, dirigiéndome de esta manera: “¡Padre!, buenas tardes”, él me respondió: “Hola mijo Oscar, Dios te bendiga”; entonces, me lance con mi reclamo: “¿Por qué en plena Semana Mayor, en vez de estar en oración, hincados y ser más solemnes y respetuosos por los acontecimientos, usted ha convertido a la parroquia en un verdadero festín mundano?, para lo cual, me respondió sutilmente de la siguiente manera: “¿Mijo, sabías que Cristo ya murió y resucitó por ti y por mí, y por todos hace dos mil años?; ¿qué no debemos estar alegres que Él ya nos redimió con su sacrificio? Con esta respuesta, me quedé atónito, y un “golpe” tajante, me hizo entender sus palabras que, por supuesto venían del Espíritu Santo.

A partir de ahí, seguí siendo ferviente seguidor del Señor a través del padre Toño, pero ante las quejas de grupos conservadores, lamentablemente sería removido de ahí, quedándonos atónitos por la decisión del arzobispado, al ceder al chantaje de esos grupos, sin embargo, Toño, sería relevado por los padres Everardo y López, sin tener la misma “chispa”, no siendo lo mismo, y poco a poco, la comunidad decaería, llegando incluso a ver poca gente en las misas carismáticas. Supe posteriormente de su trasladado al Santo Cristo de Burgos en Ciudad Jiménez, desempeñó su labor pastoral por tres años; luego, continuó en Santa Rosalía en la colonia Campesina en Chihuahua, durante 15 años, ganándose el aprecio de la comunidad, gracias a su dedicación y compromiso. Más adelante, sería removido a Santa Teresita, en la Dale el 9 de mayo de 2005, con el arzobispo José Fernández de Arteaga, aunque algunos registros y testimonios, generan debate respecto a la veracidad o las razones del traslado, lo indiscutible, fue el impacto que su ministerio tuvo en cada una de las comunidades por donde pasó que, desde mi óptica, fue un acto injusto por parte del arzobispo, cuestionado por sus sacerdotes a través de un libro que nunca se publicó, intitulado “JFA”; este prelado y su grupo de conservadores, quisieron opacar a Toño por el enorme arrastre de fe que provocaba en todos lados, mientras que, la Iglesia tradicional, se quedaba vacía de feligreses; Muchos defendieron la idea de haber sido “eliminado” del mapa, inventándole enfermedades, una de ellas, su supuesto deterioro por Alzheimer que sería atendido y cuidado en el hogar de su hermana, mostrando el apoyo y la importancia de los lazos familiares en su vida.

Toño moriría el 10 de octubre de 2016 en la casa de su hermana, donde recibiría los cuidados necesarios por su enfermedad; su muerte, fue motivo de profundo dolor y de numerosas muestras de respeto en la comunidad católica y más allá, llevándose ceremonias y misas en su honor, especialmente en Santa Rosalía, lugar donde habría dejado una marca imborrable, y sobre todo, en su amado Cristo Rey. El padre Toño, será recordado, no solo por su incansable labor pastoral, sino también por su humildad, compromiso y amor, y por haber creído en una Iglesia progresista, más cercana a la gente por más de cuatro décadas. Su obra, se tradujo en la construcción y fortalecimiento de templos y espacios comunitarios que aún hoy permanecen, testimonio de su ministerio; su figura, se ha convertido en ejemplo de vocación y servicio, dejando un fuerte legado espiritual, que perdura en la memoria de todos los que lo conocimos.

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