Por: Oscar A. Viramontes Olivas
En este día, quiero compartir en las crónicas urbanas, una carta que me llegó a mi correo electrónico, donde una familia me expone las vivencias que tuvieron en aquellos años al final de la Segunda Guerra Mundial, que, por supuesto, fueron modificadas y corregidas, con el fin, de darle mayor fluidez en la lectura. Nuestra historia, comienza el 12 de junio de 1945, cuando una bella niña nacería en la tierra bendita de Batopilas, Chihuahua, pueblito minero, donde los padres de este nuevo ser, habían hecho historia, su papá, don José, dueño de una de las minas de la región, a la cual, le había puesto por nombre: “La Piedad”; a su pequeña, la bautizaría como “Sol”, porque al nacer, fue como un brillo que iluminó todo el sedero de su vida; su madre, doña Vicky, dedicada a las labores del hogar, respaldando en todo momento a su marido, siendo además, entregada a la familia
Fue difícil para don José, hacerse de la mina para la manutención familiar, pero finalmente saldría adelante, cuándo Sol cumpliría cinco años de edad, y como en aquel poblado no existía educación prescolar, era complicado canalizar las inquietudes de la niña, una de estas, su deseo de acudir a la escuela, pero como estaba pequeña para la primaria, sus papás, la llevarían con la maestra de la escuela, Lupita Duarte, quien al ver las motivaciones de Sol, notaría que tenía actitudes artísticas, invitándola a participar en bailes folclóricos, donde le pondrían vestidos “princesas y hadas”, adornado de listones largos, por lo que, la pequeña, se puso siempre feliz. Sin embargo, pasaría el tiempo, cuando la familia decidiría trasladarse a la ciudad de Parral, Chihuahua, donde Sol, asistiría a la escuela primaria, “Práxedis G. Guerrero”, fundada el 7 de enero de 1911 durante la Revolución Mexicana, a la edad de seis años; esta, se encontraba lejos de donde vivían. Lo más relevante de esta parte, es que, Sol, se hizo notar por sus actitudes artísticas, y siempre recuerda a sus maestros con mucho cariño, por ejemplo, el profe de tercer año, fue José Peña Flores; en cuarto, Juan Benavides, y el maestro inolvidable para ella, de quinto año, Manuel Jaques, quien siempre les organizaba fiestas muy bonitas, entre ellas, en Navidad, donde les compraba piñatas de Santa Claus, pero como no tenía bigote, todo el grupo estuvo de acuerdo en que, le cortaron a Sol sus rizos del cabello, para ponérselos, porque los tenía largos y rizados.

Al pasar a sexto grado, su maestra María Luisa Manríquez, con la que culminaría su educación primaria, la felicitó por su brillante desempeño en todos sus estudios, sin embargo, Sol, tenía el deseo de seguir la secundaria, pero se enfrentaba a la difícil decisión de sus padres, de que, en vez de seguir en la escuela, se dedicara a las labores del hogar hasta que tuviera edad casadera, e irse a su casa a criar chamacos, idea arraigada en las familias de aquella época, ocasionándole a Sol, un profundo dolor, descargando lagrimas de tristeza en sus momentos de intimidad, cuando el calendario marcaba el año de 1952. Sin embargo, tomaría una gran decisión que iría en contra de la de sus padres, al trasladarse a la ciudad de Chihuahua a vivir con su tía Petrita, quien la apoyaría para que continuara con sus estudios, los cuales, con el tiempo, la definirían en su verdadera y más noble vocación, la de ser maestra. Ella muy jovencita, cultivando esa inquietud que la caracterizaba, se dio valor para ir con el maestro encargado de la Secretaría de Educación, y le dijo: “Profesor, quiero trabajar, ser maestra”, a lo que, el profesor respondió: “Usted está muy chiquita, cómo quiere trabajar con niños”, contestándole Sol: “¿Usted cree que no pueda hacer algo bueno por los niñitos?”
Sol contaba con tan solo 12 años, cuando el profesor López Rosas, encargado de la Secretaría de Educación, le comentó que iba a ver qué podía hacer, por lo pronto, tenía que acudir a cursos de capacitación cada periodo vacacional, una de las más bellas y grandes experiencias que Sol vivió cuando fue estudiante. Un buen día, tenía mucha hambre y no traía dinero ni para comprar un pan, por lo que le pidió al Señor de las alturas que pusiera un medio para que pudiera comer, dado que, a pesar de que sus padres tenían suficiente dinero, a ella no la apoyaban. Tal sería el raudal económico de su padre, que era el único que tenía carreta en Parral e Iba hasta Chihuahua a comprar trajes que combinaba con botas y sombrero del mismo color, y se los llevaba para todo el mes, pagando con monedas denominadas, “alianzas de oro puro”, a la sastrería Bremen que, en la actualidad existe y está ubicada en el mismo lugar, por la callea Progreso y Teófilo Borunda. Aun así, Sol vivía las de “Caín”, pues en una ocasión, caminaba por la calle Zarco, cuando no estaba pavimentada y quedaba lejos del centro de la ciudad, cuando de repente, vio a una viejecita de cabello blanco con delantal, y le preguntó a Sol: “Oye niña, ¿qué te pasa?, ¿por qué lloras?”, respondiéndole: “Tengo mucha hambre y no traigo ni para un pan”.
Entonces la invitó a pasar a su casa, donde había un comedor grande, lleno de pan, frutas, guisados, leche, jugos y más, por lo que, la señora le expresó que comiera hasta que se sintiera satisfecha, y Sol, agradecía a Dios por el milagro, y a la persona que le había abierto las puertas de su casa, contestándole la viejecita que también a ella, le ayudaba el Señor. Cuando pasó el tiempo, Sol, regresaría a gratificar a la ancianita el favor que le había hecho, llevando consigo una bolsa grande de mandado, para que así, tuviera oportunidad de ayudar a más gente; cuál sería su sorpresa, al saber que la casa no existía y la ancianita tampoco, entonces, corrió a la iglesia para expresarle a Dios su gratitud, por haberle mandado un ángel en su auxilio. Un buen día le hablaría a Sol, el director de la Secretaría de Educación, y en su presencia, hojeaba un libro y le dijo: “Conoce usted una comunidad llamada ejido de 6 de Enero”, Sol le respondió, “¡No!, pero que la podía buscar”, expresándole el profesor: “A usted la voy a mandar al ejido “Quinta Peñitas” ¿conoces la quinta?, pero con la condición de que sigas en los cursos. En ese entonces, sus papás ya estaban en Chihuahua, corriendo a darles la sorpresa, sin embargo, su padre no estuvo muy de acuerdo, expresándole: “Como eres tonta, se trata de una comunidad a 5 km de Parral”, pero Sol no se inmutó y continuó con sus sueños de ser maestra.

Al comenzar a trabajar, tenía 51 alumnos con un horario de 9:00 am a 12:00 pm; de 3:00 a 5:00 pm, y de 5:00 a 7:00 pm, tenía un grupo de conscriptos a los cuales, les daba clases porque no sabían ni leer ni escribir en presencia del comisario del ejido, al que ella, le pidió que estuviera presente para que no le faltaran el respeto, dado que solo tenía 14 años. Cuando este grupo de conscriptos aprendió a leer y a escribir, le hicieron una fiesta a Sol, que los había ayudado y gritaban llenos de alegría, “¡Viva la señorita!, trabajando en ese lugar por dos años; posteriormente, la mandaron a la comunidad “Álamos de Cerro Prieto”, la cual, Sol llegaba en autobús o aventón, según la suerte que lo tocara, ahí, vivía en la casa del maestro. Una noche, escuchó ruidos y salió valientemente para ver qué pasaba, era un avecindado, preguntándole Sol, qué se le ofrecía, y el hombre quiso robarle algunas pertenencias, por lo que ella, tenía un rifle en la mano y el malhechor, no se percató, y le dispararon un balazo en la pierna; al escuchar el ruido, toda la comunidad se presentó a la casa de la maestra para ayudarla, aprendiendo al sujeto, el cual, confesó su fechoría y lo desterraron del lugar
Sol para ese entonces, era una señorita guapa, asediada por jóvenes, pero su amor era para Elías, no tenía ojos para otro varón, el principal obstáculo, el padre acaudalado, ya no tenía dinero, estaban en quiebra total, porque había derrochado toda su fortuna; lo invadió el vicio del juego de los naipes, el alcohol, y las mujeres, a grado tal, que Sol se hizo cargo de él, estando hasta el día de su muerte bajo su protección moral y económica. Sol y Elías, contrajeron nupcias en una capilla de otra comunidad, y ahí, les bendijo su unión el padre Chema, viviendo en la ciudad de Parral, sin embargo, vencerían muchos obstáculos, dado que, ella no quería dejar su trabajo, al que amaba sobre todas las cosas. Sol, se vio en la necesidad de elegir, o su trabajo o su marido, decidiendo por su trabajo, y aunque ella hizo su vida lejos de Elías, siempre fue el amor de su vida. Engendró con Elías 11 hijos, sobreviven 8, los cuales los sacó adelante. Sol actualmente cuenta con 80 años, imparte clases a niños de la calle y en su casa, apoya a personas vulnerables sin estudios, sin duda, una vocación que Sol siempre la llevará en sus venas ¡Muchas Gracias, maestra Sol!



