Por: Oscar A. Viramontes Olivas
Es un privilegio en este domingo hablar de un personaje, ícono de la comunicación en la ciudad de Chihuahua y más allá de sus fronteras, me refiero a don Marco Antonio Guevara que desde que comencé a escucharlo por las mañanas, siempre supe que su voz era distinta, había en él una gravedad amable, una mezcla de fuerza y ternura que desde su infancia temprana, estuvo marcada por el murmullo de las ondas sonoras y el palpitar de las historias por contar, él, nacería el 14 de abril de 1943 en Nogales, Sonora, hijo de don José Guevara, jornalero del campo y doña María García, ama de casa y costurera ocasional; en ese hogar humilde, donde la luz —cuando aparecía— se filtraba por el cristal empañado, aprendiendo que la palabra podía abrir caminos tan firmes como el surco que labraba su padre y tan delicados como la puntada que cosía su madre.
Con apenas 14 años, Marco Antonio se adentró en el mundo de la radio local, ayudando como asistente de locución, organizaba discos de vinil, cargaba noticias y ensayaba en su mente cada palabra que escuchaba en el estudio. Fue allí, entre cabinas angostas y consolas rudimentarias, donde comprendió que su voz podía ser un instrumento de cambio. Su temprano mentor, el locutor don Raúl Moreno, lo describió como un joven “con la vista encendida y la curiosidad a flor de piel”. A los 19 años decidió trasladarse a Chihuahua capital con una sola maleta que contenía ropa, una libreta y un porvenir en blanco. No llegó con ofertas ni títulos universitarios; traía, sin embargo, un entusiasmo incorruptible y la promesa de una constancia inquebrantable, lo que, pronto le ayudaría a integrarse a Radiorama de Chihuahua, donde, tras ensayar en programas de noticias matutinas, descubrió su verdadero talento en la conducción y la entrevista.

Para el 22 de agosto de 1978 marcó un punto de no retorno en su carrera profesional, ya que, junto a Ignacio Rodríguez Terrazas, fundaría el espacio de Opinión Pública, concebido como un canal directo entre la ciudadanía y las autoridades. Lo inusual de aquel proyecto, sería que nunca buscó competir en rating, sino convertirse en gestor social al recibir denuncias de vecinos sin agua, quejas de colonias sin alumbrado, reclamos de ejidatarios sin títulos de propiedad, todo tenía cabida en ese micrófono abierto que se convirtió en un verdadero laboratorio de democracia participativa. Cuando Rodríguez Terrazas fue asesinado en El Salvador en 1980, mientras cubría la violencia política en Centroamérica, Marco Antonio asumió el programa en solitario, haciéndolo con la fuerza de quien asume un pacto de lealtad: “No podía permitir que aquellos a quienes servíamos, perdieran su voz en el silencio del duelo”, confesaría luego en una entrevista el “señor de la radio”. Desde entonces, su labor resultó aún más dramática y humana, pues entrevistaría a víctimas de crímenes, a padres buscadores de sus hijos desaparecidos, a agrupaciones de mujeres que exigían justicia por feminicidios y a decenas más.
Opinión Pública no quedó en la mera denuncia, su conductor impulsó brigadas de apoyo y gestoría ciudadana, y para 1985, organizaría la primera campaña para dotar de medicinas gratuitas a una colonia rural cercana a ciudad Cuauhtémoc, enviando camiones de ayuda coordinados desde la propia cabina de radio.
Los voluntarios abrían cajas y las pronunciaban al aire: “Medicinas donadas, colonia La Cañada, avance al kilómetro 25” . Así, el micrófono se transformó en un altavoz de solidaridad, y Guevara en un líder barrial, reconocido por vecinos, escuelas y juntas de colonos. Bajo su dirección, se lograron obras de drenaje, electrificación y pavimentación sin afanes de protagonismo, ya que, el periodista prefería que el agradecimiento recayera en la comunidad: “Ellos son los verdaderos dueños del programa”, solía decir. Sin embargo, en un país donde muchos comunicadores han sucumbido a compromisos partidistas, Marco Antonio mantuvo su independencia, pese a haber sido invitado en varias ocasiones a contender por cargos de elección popular, lo que, siempre declinó: “Ser político me hubiera obligado a traicionar la confianza de mi audiencia”, explicó. Sin embargo, no rehuyó al diálogo con autoridades, entablando comunicación con presidentes municipales, diputados locales y gobernadores, para canalizar demandas ciudadanas; reconoció públicamente a líderes honestos y a gestores de la época moderna, pero no dudó en señalar irregularidades cuando hubo que hacerlo. Su estilo se caracterizó por la franqueza y la cortesía; nunca utilizó insultos ni descalificaciones, sino preguntas puntuales y datos verificables. De ese modo, su voz, cargada de pasión y bondad, sostuvo un periodismo riguroso y humano.
A lo largo de más de 45 años de transmisión continua, Guevara recogió miles de testimonios, por ejemplo, la inundación del 30 de junio de 2025 en Chihuahua capital, siendo una de las últimas grandes coberturas de su carrera: “Vi carros arrastrados como juguetes, casas sumergidas y familias evacuadas con lo puesto”. En su relato cedió paso al dramatismo humano, narrando el rescate de ancianos atrapados en azoteas, la apertura de albergues improvisados y la solidaridad de vecinos que compartían colchones. Aquella transmisión con prolongada duración en cadena, coordinando apoyos desde la radio. Su vocación y constancia merecieron atención oficial, pues en 2019, recibiría la presea “Petamuti” en Campeche, como reconocimiento nacional a su trayectoria de más de 20 años. A finales de 2023 obtuvo el Premio Estatal de Periodismo a su trayectoria, otorgado por el Congreso local, destacando que “ha sido más un servidor público que un locutor”. Cada reconocimiento lo ha acogido con gratitud, dedicando los aplausos a sus operadores y a la audiencia fiel.
Más allá de la radio, don Marco Antonio es un maestro nato, ha ofrecido conferencias en universidades, escuelas primarias y foros de derechos humanos, por ejemplo, en la Universidad Autónoma de Chihuahua, impartiría una charla sobre “Ética y responsabilidad en el periodismo comunitario”, donde compartió anécdotas de su carrera, manifestando entonces: “El verdadero éxito no está en los micrófonos que uses, sino en el peso de las historias que ayudes a contar”, por lo que, miles de estudiantes atendieron su voz y decenas de ellos, ahora trabajan en medios locales, reconociendo que fue la pasión y humildad de don Marco, lo que los inspiró para el camino del periodismo, sin embargo, en su emblemático 45º aniversario de Opinión Pública celebrado en marzo de 2023, Guevara hizo un gesto que definió su humildad, invitando a colaboradores de todas las secciones de la radio a subir al escenario, entregándoles un ramo de flores y un diploma. Él, el hombre que lleva 65 años en el oficio renunció a posar solo ante el reflector, prefirió compartir el reconocimiento.

En 2021 durante la pandemia, organizaría una colecta de despensas, cubrebocas, y desde su programa movilizaría a empresarios, ONG, voluntarios, y al cierre de la campaña, donaría él mismo, su prima navideña a un albergue de familias sin ingresos, donde en un mensaje al aire, pediría: “Si mi ejemplo inspira a uno solo, mi trabajo habrá valido la pena”. Por otro lado, llegaba febrero de 2024, tras superar el Covid-19, quedando hospitalizado un par de semanas. La noticia conmovió a la ciudad y al saberlo, cientos de oyentes enviaron mensajes de ánimo. Al recuperar la salud, grabó un emotivo mensaje: “La voz no se quiebra con el frío hospital, aquí estoy, aferrado al micrófono”. Ese episodio demostró que incluso en la fragilidad, su humanismo no menguó, atendiendo desde su cama llamadas de vecinos y gestiones en curso, orientando a operadores por teléfono.
Don Marco ha sabido construir un legado que trasciende su presencia personal; su hijo, Marco Aurelio, colabora en la cabina desde 2007 aprendiendo el oficio en la práctica; juntos comenzaron a digitalizar el archivo de Opinión Pública, recopilando miles de programas históricos para preservar la memoria radial. Hoy, cuando el reloj marca sus 82 años de vida y 67º de radio, su historia resuena como un canto de esperanza. En su retrato se ve a un hombre canoso, con gafas discretas y sonrisa franca, pero en su voz se escucha el eco de millones de historias de dramas anónimos, de sueños colectivos; comunicador, líder de colonias, gestor social y, sobre todo, servidor público sin cargo oficial. La vida le ha demostrado que el periodismo verdadero, no se mide en exclusivas o en likes, sino en la dignidad recuperada, en el alivio entregado y en la comunidad fortalecida. Don Marco Antonio Guevara es, por derecho propio, la encarnación de la humildad, la pasión, la bondad y el dramatismo humano que convierte una carrera en un ministerio al servicio de la gente. Desde esta tribuna de Crónicas Urbanas de Chihuahua, mi más calurosa felicitación a un gran maestro del periodismo radiofónico, pues muchos de nosotros que también hacemos radio, nos ha enseñado como hacerlo, no es improvisar, es aplicar la seriedad, la ética, el humanismo y la espiritualidad en el mensaje. ¡Dios te bendiga siempre, mi gran maestro, don Marco Antonio Guevara



