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martes, febrero 17, 2026

Robert Capa: la «Gioconda» del fotoperiodismo — entre la guerra y el glamour

Con un cigarrillo en los labios y una Leica colgada al cuello, Robert Capa (Hungría, 1913 – Vietnam, 1954) recorría el mundo fotografiando conflictos —desde lanzarse en paracaídas sobre Alemania hasta pasear por pasarelas en París— como si su vida fuera una novela. Su autobiografía Ligeramente desenfocado (1947) mezcla hechos y ficción, reflejo de un personaje que nació Endre Ernő Friedmann, adoptó el seudónimo “Capa” junto a Gerda Taro para vender imágenes con más gancho y dominó varios idiomas mientras soñaba en imágenes.

La exposición Robert Capa. ICONS, abierta en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, muestra más de 250 fotografías —procedentes de la colección Golda Darty y de los archivos de Magnum Photos— que revelan no solo al cronista del frente sino también al hedonista que frecuentó Hollywood y las pasarelas. La muestra permite seguir el recorrido de sus imágenes desde el frente hasta los periódicos y comprender su papel en el nacimiento del fotoperiodismo moderno.

Capa fue testigo de la guerra civil española, la guerra sino-japonesa, la Segunda Guerra Mundial, la primera guerra árabe-israelí y la guerra de Indochina, donde murió en 1954 al pisar una mina antipersona con apenas 40 años. Su foto más famosa, Muerte de un miliciano, es considerada por el comisario Michel Lefebvre como la “Gioconda del periodismo”: envuelta en misterio —fecha exacta, identidad del miliciano y la veracidad del instante retratado siguen en disputa— y sin conservarse el negativo original. Fue divulgada por primera vez en la revista francesa Vu y más tarde en Life.

Algunos historiadores, como Fernando Penco Valenzuela, han sugerido que la escena podría haber sido escenificada en Espejo (Córdoba), una hipótesis que Lefebvre advierte podría restar valor a la imagen si se confirmara. Tras la Guerra Civil, Capa intercambió el frente por los sets de cine: gracias a relaciones con figuras como Ingrid Bergman trabajó cerca de directores y rodajes en Los Ángeles, obtuvo la nacionalidad estadounidense y se introdujo en la fotografía de moda y color, también escribiendo crónicas para publicaciones como Holiday.

En 1948 regresó a París y se asentó en la sede europea de Magnum, moviéndose en círculos de escritores exiliados —Hemingway, Steinbeck, Irwin Shaw— mientras seguía vendiendo reportajes a medios estadounidenses. Su carrera terminó en Indochina, donde, intentando capturar una escena junto a tropas francesas cerca de Thai Binh, pisó una mina; murió camino al hospital, con la cámara aún consigo. Así concluyó la vida de un fotógrafo que narró el siglo XX desde el filo del peligro.

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