Por Oscar VIRAMONTES O.

Hoy en este día nos subiremos al “túnel del tiempo” y nos ubicaremos en la casa de un gran hombre, emprendedor, innovador, luchador y lleno de proyectos, los cuales, en su momento se lograrían consolidar muchos de ellos, uno de estos, sería la fundación de la ciudad de Delicias. Es indudable que la imagen y memoria del ingeniero don Carlos Blake, se mantenga viva y se siga proyectando por todos los puntos cardinales de esta tierra chihuahuense y mexicana. Su nombre, representa la enseñanza integral para la juventud, la que sin duda, ha forjado a un pueblo educado, así como se educa a un hijo ya que una comunidad, es como un hijo a quien se cuida con esmero, se le marca el impulso del progreso; se le señala la senda del bien, para un futuro resplandeciente y brillante para que viva en su mayoría de edad, con fuerza y autonomía.
Naturalmente que hay hombres buenos y malos; algunos, no satisfacen las ambiciones y deseos que tienen muchos padres para cuando sean “grandes” sus hijos, lo mismo sucede con los pueblos que fueron formados por el gran don Antonio Deza y Ulloa y ahí, don Carlos “nos compartiría” sobre lo que piensa de Chihuahua, de los hijos que no han llegado a satisfacer los deseos de sus padres; de los pueblos que se van desenvolviendo, según la situación económica que intervienen en sus vidas donde se forman caracteres, toman modales y costumbres, según el medio ambiente y estos, tienen que tropezar con infinidad de dificultades, principalmente dependientes de la política financiera. Hablar del don Carlos Blake, es la lección del hombre fuerte que siempre luchó por el bien y el progreso de una ciudad que proyectó, trazó, fundó y modeló en el transcurso de los años, con el fin, de lograr el bienestar de las futuras generaciones. Delicias es sin lugar a dudas, una ciudad moderna y sobre todo, la ciudad de don Carlos que vivió en su casa con el número 302 de la avenida Agricultura de su amada ciudad y cuya finca, sería una de las primeras que se construyeran en la tierra de los “Vencedores del Desierto”.
Imaginemos a don Carlos sentado en un sillón de la sala de su casa, frente a un ventanal hacia el jardín de su risueña residencia, llena de plantas y de objetos interesantes en una mañana del viernes 16 de noviembre de 1956 cuando el ingeniero Blake, rodeado de estantes con decenas de libros de su predilección y con una mesita de centro con los periódicos del día, pues él era una persona muy educada y enterada de lo que sucedía en Chihuahua, México y el mundo. Ahí, con una taza de rico café negro que según don Carlos, lo había traído directamente de Chiapas, uno muy bueno de nombre “Arábica”. Junto a él, se encontraba un buen amigo de profesión, maestro, su nombre Romero Magallanes que, en aquel entonces, era director de una secundaria; ellos, eran buenos amigos y sin duda, sería el marco perfecto para la entrevista con nuestro querido don Carlos. Pero antes nuestro protagonista se pondría su aparato auditivo en su oído izquierdo. “Tengo presente –comenta el ingeniero Blake- de aquellos hombres que dieron su vida para fundar ciudades, pueblos y villas; esos conquistadores que, más que entregar un verdadero corazón, venían con la idea de explotar el oro y la plata, mientras que en lo personal, mi conquista llegaría en el año de 1933 con el fin de darle al desierto, una oportunidad de gestar y dar a luz una ciudad que sería ubicada estratégicamente junto a la Novena Zona Agrícola del estado de Chihuahua, ahí, nacería también como una obra donde aplicaría toda mi pasión y entusiasmo en mi incasable labor de técnico en obras de irrigación, para así hacer realidad el Distrito de Riego No. 5 en 1932, el más rico del estado de Chihuahua.
“Recuerdo una noticia -comenta don Carlos- que me asombró en aquel año y se presentó el 16 de abril donde la Compañía de Luz y Fuerza de El Paso, Texas, Estados Unidos, cortaría el suministro de energía eléctrica a Ciudad Juárez, como reclamo del pago por el servicio prestado. Juárez permanecería tres días sin luz hasta que un grupo de técnicos y funcionarios, restablecerían el servicio eléctrico sin autorización de la empresa ¿qué cosas no? Sin embargo, antes de continuar, quiero comentar que nací en el municipio de Autlán de Navarro, estado de Jalisco, el 4 de noviembre de 1886; mi padre, fue también ingeniero y su nombre: Carlos H. Blake y mi madre doña Adela Arias de Blake, los cuales me enseñaron las primeras letras apoyándome para prepararme y enfrentar la vida con pasión. En mi ciudad natal, Autlán de la Grana, cursé la educación primaria de 1892 a 1898, donde recuerdo a mis queridos maestros don Epigmenio Preciado y don Teófilo Ascencio, hombres de temple que, con su sistema de enseñanza de aquella época romántica del porfiriato, me acompañaron a dar mis primeros pasos al mundo del saber. Durante mi infancia, siempre tuve los consejos de mis padres y maestros donde siempre me gustó construir cosas con materiales utilizados por cualquier niño.
“Posteriormente ingresaría a la secundaria de 1898 a 1901 y sabía que quería estudiar en el futuro, ya que me llamaba mucho la atención las edificaciones y la hidráulica. Pasó el tiempo como reguero de pólvora y mis padres me apoyarían para que siguiera estudiando, por ello, me llevarían a la capital del estado de Jalisco, a la hermosa ciudad de Guadalajara donde estudiaría la preparatoria de 1901 a 1904. Finalmente, el sueño de hacer una carrera profesional vendría al irme a la Ciudad de México a cursar ingeniería civil (1904-1909) y cuya profesión ejercí durante muchos años. Eso de ingeniero es ya una cosa de familia, ya que mi bisabuelo el ingeniero don Juan Blake vendría a México en 1856, de origen inglés, el cual sería acompañado de su familia. Viajó hacia los Estados Unidos donde estudiaría su carrera profesional que era la misma carrera que yo. Mi abuelo nacería en ese país anglosajón y su nombre fue Juan S. Blake, mi padre el ingeniero Carlos H. Blake y por fin, también yo estudiaría la misma profesión al igual que lo hizo mi hijo (que en paz descanse), el cual, sin duda, siguió con esta hermosa tradición familiar. Me casé felizmente en 1911 en el estado de Durango con María Guadalupe Bustamante. Agradezco a Dios porque nos dio la oportunidad de engendrar cinco bellos hijos, un varón y cuatro mujeres: Carlos (†), Caridad (†), María Luisa (†), Josefina (†) y María Cristina (†). Antes de llegar a Chihuahua, viviríamos en la zona de La Laguna trabajando de 1909 a 1920 como ingeniero de la Comisión de Reglamentación del Río Nazas, emprendiendo trabajos particulares. Posteriormente, me cambié hacia el estado de Nuevo León invitado a trabajar por el gobierno del general Álvaro Obregón como director de aguas en 1921. En esa misma época, se reorganizó la Comisión Internacional de Límites y Aguas, teniendo el honor de ser miembro de esta al hacerse la reorganización de ríos y cauces en el país. Se reglamentó entonces el aprovisionamiento de aguas del río Bravo y sus afluentes. Más adelante, tendría a mi cargo los estudios de los ríos del este de Coahuila, Nuevo León y todo Tamaulipas”… Esta historia continuará.
Don Carlos Blake: Forjador de los “Vencedores del Desierto”, forma parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua. Si usted desea adquirir los libros Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua: tomos del I al XIII, mande un Whatsapp al 614 148 85 03 y con gusto le daremos información o bien, adquiéralo en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111).
Fuentes: Maestro Carlos Gallegos Pérez; La Voz de Chihuahua, 17 de abril de 1932; Hemeroteca del El Sol de Torreón-1956; El Heraldo de Chihuahua-1960 y Argelia Silva Leos, Sociedad de Estudios Históricos



