Por José Luis JÁQUEZ BALDERRAMA
CHIHUAHUA CHIH.- El buen periodista tiene como función primordial ser un testigo ocular de los conflictos y documentar lo que está sucediendo, sobre todo en grandes manifestaciones como la ocurrida el pasado 15 de noviembre en el zócalo de la ciudad de México.
En su trabajo, el buen periodista busca que la sociedad sea consciente de la situación del país, sin tomar partido. Es un testigo fiel de los hechos. Sin su labor, no habría memoria de los eventos. Entonces ¿por qué se le agrede? ¿Por qué el oficialismo los ven como un enemigo?.
La violencia y la polarización no tienen freno en México. Ahora le tocó al gremio periodístico sufrir las agresiones durante la marcha de la Generación Z, lo que provocó que varios reporteros recibieron atención médica de emergencia. Los afectados culparon a los antimotines de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la CDMX y de otras corporaciones.
El zócalo fue escenario de ataques contra jóvenes, niños, adultos que protestaban por la violencia y la corrupción. Antes hubo el derribo de vallas por el llamado “bloque negro” ubicadas frente a Palacio Nacional. No es la primera vez que dicho grupo anárquico se infiltra en las manifestaciones para causar desestabilización, y lo peor del caso es que no hay acción judicial en su contra.
Lo que parecía una protesta pacífica, acabó en violencia y uso desmedido de gases lacrimógenos. El saldo fue de 27 detenidos (acusados de intento de homicidio) además de 30 policías y 20 civiles lesionados, entre ellos varios periodistas que cumplían con su trabajo de informar, como Víctor Manuel Camacho, del periódico La Jornada; Antonio Huitzil y Ricardo Pérez, de TV Azteca; Ximena Arochi, de la revista Proceso; el reportero estadounidense, Ioan Grillo y el comunicador digital Óscar Ramírez.
En Michoacán, también fueron agredidos periodistas que cubrían la marcha de protesta, entre ellos, Liliana Jiménez Nieto, Jania Cerriteño de Radio Ranchito y Javier Guerrero de El Sol de Morelia, así como Jafet Pineda, fotógrafo independiente. Todos los periodistas pusieron su denuncia.
La razón fundamental por la que un periodista está en una zona de guerra o conflicto, es por la necesidad de testimoniar y documentar la realidad. Y que la sociedad sepa la verdad y exigir la rendición de cuentas a los responsables.
El buen periodista está obligado, éticamente, a contar las narrativas de ambas partes. El periodismo es libre de narrar la verdadera historia o es una farsa.



