ALGO QUE OCULTA EL OROPEL

7

Por Carlos Gallegos

Aquel joven pionero
del bajío guanajuatense
que vino a Delicias
a buscar a un hombre
que se había perdido en la primera batalla de Celaya
ya había perdido la esperanza de encontrarlo
lo buscaba ansioso en la estación del ferrocarril
en una cueva de calichi que estaba a la subida de la Loma de Pérez
en una posada sin nombre que se adivinaba entre las jarillas de un llanito silvestre en lo que sería la Avenida 7a Norte
preguntaba por él
lo dibujaba como un hombre chapo
de hombros cansados
con ojos color a miel
al que le faltaba
la mano que había perdido
en un duelo a bayoneta con un general de división en un burdel de Aguascalientes
no lo veía por más que lo buscaba y lo buscaba
lo buscaba tanto
porque le habían platicado que podía ser su padre
al que sólo conocía
por las historias de su madre
quien un día le dijo
que había partido
hacia un pueblo de polvo perdido
en el norte del pais
que usaba pantalones militares y botas federicas
recuerdos de sus días de militar
que fumaba cigarros de macuchi silvestre
de oloroso aroma
que con esas señas tendría
para encontrarlo en ese pueblo
en el que todos conocían a todos
pero al llegar
supo que nadie conocía a nadie
porque todos provenían de lugares diferentes
en sus ratos de desánimo
luego de buscarlo de punta a punta en el naciente pueblo desfallecía su ánimo
pero una tarde sudorosa
tuvo razón de él en una fonda del también naciente mercado que surgía
entre trebejos
de madera y charcos de soquete
la dueña de un tinamaste y un comal que atizaba
con carbón de mezquite
a la que
le decían María
la Sabrosa
sería por lo sabroso de sus guisos mantecosos
sería por sus sabrosas formas de ex bailarina de chotís
por fin le dio razón
— en esa mesa
en la que está sentado
que me la hicieron en la maderería de don Polo Amaya
ahí se sienta
un señor con facha de militar derrotado
viste un pantalón caqui
una camisa con medallas viejas
trae sombrero de cinco pedradas
como los que usaban los Dorados
—se me hace raro que no se lo haya encontrado por ahí. Ha de ser el único que anda con una carrillera terciada entre cuello y pecho.
— Mire– qué casualidad.ahí va llegando
—hàblele antes de que agarre la tomada
porque luego se pone muy triste y no quiere hablar durante días
a cualquiera
que va entrando se le cuadra
creyendo que se le cuadra a Pancho Villa
solo al mirarlo
al verse en sus ojos color a miel
supo que lo había encontrado
pero al acercarse
a abrazarlo
el otro también
lo reconoció
viéndose en sus ojos
con el muñón de su mano yerta
lo rechazó
diciéndole en tono militar
—- Sé quien eres y a qué has venido
vete no por donde llegaste volver a verte me trae malos recuerdos de una traición de amores
—- que cada quien siga su camino. Te olvido y me olvidas.
—Celaya es un recuerdo.Delicias es mi nueva casa,mi nueva vida y ésa
mujer del comal
es mi nueva mujer
al día siguiente, por los vericuetos de los chismes de los pueblos chicos
todos conocían la historia
en esa natural simpatía por el desvalido
el tullido no volvió a conseguir trabajo
al rato era un paria en las cantinas
al muchacho lo vieron abordar el tren con un boleto sin regreso
las historias tristes que se ocultan en el oropel de los pueblos felices

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