Por: Oscar A. Viramontes Olivas
CHIHUAHUA CHIH.- En las primeras décadas del siglo XX, Ciudad Juárez, Chihuahua, se perfilaba como un hervidero de oportunidades para el comercio transfronterizo, después de que la Revolución Mexicana, había dejado profundas cicatrices en el país, desplazando a familias enteras y creando ambientes de pobreza y desesperación, llegando a ser, como toda frontera, una oportunidad para el desorden y el vicio a pesar de la pobreza y marginación que se vivía; en cambio, Estados Unidos, enfrentaban “la Prohibición” (1920-1933), etapa, donde era ilegal la fabricación, venta y transporte de bebidas alcohólicas; esta medida, sería implementada por la “Enmienda 18 de la Constitución de aquel país y reglamentada a través de la “Ley Volstead”, promulgada en 1919; esta etapa, tenía como objetivo principal, reducir problemas sociales, asociados con el consumo de alcohol;disminuir la violencia doméstica, el crimen y el alcoholismo y en todo este escenario, aparecía un personaje que se hizo leyenda, Ignacia Jasso de González, mejor conocida como “La Nacha”.
Ciudad Juárez, como ciudad fronteriza, se convertiría en un cruce vital para mercancías lícitas e ilícitas, ya que,la cercanía con El Paso,Texas, ofrecía acceso directo al mercado estadounidense, mientras que la corrupción en las autoridades locales, y federales de ambos países, proporcionaba un terreno fértil para actividades criminales,en este contexto, aparece una de las más emblemáticas mujeres de nombre, Ignacia Jasso de González, que sería conocida como “La Nacha”, quien encontraría un entorno ideal para prosperar en el tráfico de drogas en aquella fronteriza ciudad chihuahuense, la que, en compañía de su esposo, Pablo González, comenzarían con el contrabando de alcohol durante la Prohibición en Estados Unidos. Sin embargo, al finalizar esta etapa en 1933, diversificarían su negocio hacia el tráfico de marihuana y heroína, siendo su organización, una de las pioneras en establecer lo que más tarde se conocerían como “cárteles” de las drogas.
El imperio de la “Nacha”, se sustentaba en una estructura jerárquica de notable eficiencia, así, en el ámbito de la producción y provisión, esta organización, ejerció controles significativos sobre el cultivo de la “Cannabis sativa” o mariguana en diversas regiones del entorno rural, fronterizo, al tiempo que, obtenía heroína a través de laboratorios clandestinos, ubicados en territorio mexicano; tales prácticas, evidenciaron a una organización meticulosa que maximizaba la producción, y distribución de sustancias ilícitas en el mercado negro. En cuanto a su distribución, hábilmente establecerían corredores seguros a lo largo de la frontera, donde individuos conocidos como “mulas”, asumirían la responsabilidad de transportar sustancias ilícitas en cantidades reducidas,sin embargo, estas rutas, contornearían aquellas áreas de inspección que eran objeto de mayor nivel de monitoreo y vigilancia.
Pero la corrupción y el soborno, constituyeron fenómenos muy complejos que afectarona diversos ámbitos y sectores de la sociedad, incluido el ámbito empresarial, en este contexto, se puede afirmar que, la protagonista, referida como “La Nacha”, poseía una comprensión consciente de que la viabilidad, y el éxito de su emprendimiento, estaban intrínsecamente ligados a su capacidad para influir mediante prácticas de sobornos a las autoridades, tanto de Ciudad Juárez, como las gringas.Este reconocimiento, revela una dinámica sostenible en la que el uso de tácticas ilegales, se convertiría en un mecanismo estratégico para la obtención de ventajas competitivas, lo que, a su vez, planteaba importantes interrogantes acerca de la ética en los negocios, y la gobernanza institucional.Imagínese nomás,desde agentes de la policía municipal, hasta inspectores de aduanas y un número significativo de personas se encontraba en su nómina. Por otro lado, se empleaban negocios que, a primera vista, presentaban un carácter legal, tales como bares,cantinas y cabarets como fachadas, para llevar a cabo actividades ilícitas; esta estrategia de camuflaje,le permitiría disimular la verdadera naturaleza de sus operaciones, al tiempo que, facilitaba el desarrollo de sus actividades delictivas bajo la apariencia de normalidad y legalidad en el ámbito comercial. Así, a pesar de la carencia de tecnología de comunicación contemporánea, nuestra protagonista, llevaría a cabo su operación con una precisión “quirúrgica” que, podría calificarse de casi militar.
La organización en cuestión, no solo perseguía fines lucrativos, sino también, operaba con enfoques de discreción notable, característica que la diferenciaba significativamente de otros actores involucrados en el tráfico de drogas, por esto, la figura de “La Nacha”,empezaría a trascender la percepción unidimensional de la criminalidad, presentándose también, como una benefactora en los sectores más desfavorecidos de Ciudad Juárez; esta dualidad, en su carácter social, sugería un complejo entramado de interacciones, entre el crimen organizado, y la comunidad, donde las acciones de esta dama, podían ser interpretadas como un intento de satisfacer necesidades socioeconómicas, en un contexto marcado por la marginalidad, y la violencia. Por ello, este fenómeno social y cultura, sin duda, merece un análisis profundo para comprender las dinámicas de poder, y la resiliencia comunitaria en la región de Juárez.
En un paralelismo contemporáneo con la figura de Robin Hood, “La Nacha”, se dedicaba a la distribución de alimentos, vestimenta, y recursos económicos entre aquellos hogares que se hallaban en situación de vulnerabilidad.Esta práctica, confirmaría un grado significativo de aceptación social que, obstaculizaba las investigaciones relacionadas con sus implicaciones, dado que un número considerable de ciudadanos, se mostraba dispuesto a salvaguardar tanto su identidad, como las actividades asociadas a dicho contexto.Adicionalmente, esta respetable mujer, dedicaba sus recursos humanos a la contratación de un amplio espectro de trabajadores que, abarcaba, desde cultivadores y transportistas, hasta distribuidores locales.Esta práctica, no solo propiciaba la generación de ingresos sustanciales para estas personas, sino que también, contribuía a la atención de diversas demandas laborales en la región.Para numerosos individuos, la actividad laboral en su favor, representaba una cuestión de supervivencia en lugar de una opción voluntaria.
En el transcurso de las décadas de 1930 y 1940, las políticas antidrogas implementadas en México y Estados Unidos, comenzaron a delinearse, sin embargo, su eficacia resultó ser notablemente insuficiente, en relación con la magnitud del problema que enfrentaban.En el contexto mexicano, se evidenció que la corrupción, presentaba características endémicas, manifestándose como una problemática y una plaga, arraigada en diversas instancias de la administración pública,fenómeno notable que, consistía en la inclinación de ciertas autoridades locales, estatales y federales, a aceptar sobornos como medio de gestión por parte de la organización de La Nacha, en lugar de confrontarla directamente, debido al manejo de sustancias ilícitas, quienes a menudo, exhibían un alto nivel de peligrosidad.Esta dinámica, no solo perpetuaría un ciclo de impunidad, sino también, socavaría la efectividad de las instituciones gubernamentales, y la seguridad pública.
El impacto de la figura de La Nacha en el ámbito del narcotráfico, es indiscutible, dado que estableció los cimientos para lo que, décadas más tarde, se transformaría en una industria multimillonaria, dominada por complejas organizaciones criminales conocidas como “cárteles”. Esta contribución inicial, no solo fue emblemática en la evolución de las dinámicas del narcotráfico, sino también, facilitaría la consolidación de redes de distribución y producción que, han caracterizado a este fenómeno a lo largo del tiempo, por ello, la figura de La Nacha, puede ser analizada como elemento clave en la trayectoria, y en la estructuración del narcotráfico contemporáneo, cuyo desarrollo, ha tenido profundas repercusiones sociales, económicas, y políticas en diversas regiones. El modelo operativo inicialmente desarrollado por la Nacha, se fundamentaba en la verticalidad, y la diversificación de actividades, características que fueron posteriormente replicadas y optimizadas por sus sucesores. Este enfoque, permitió una notable evolución en las prácticas organizativas, promoviendo así, una mayor eficiencia y eficacia en los procesos adoptados. Del mismo modo, la habilidad demostrada por La Nacha para entrelazar la corrupción, con la manipulación de la opinión pública, se erigió como estrategia fundamental, la cual, sería posteriormente adoptada por otros líderes del ámbito criminal.
Esta interrelación de tácticas, indicó una comprensión sofisticada de mecanismos de control social y político, permitiendo a estos actores ilícitos, consolidar su influencia y perpetuar su poder en contextos adversos. A pesar de que su influencia se redujo significativamente durante la década de 1950, su legado perdura como un potente recordatorio de las condiciones socioeconómicas que propician el ascenso del crimen organizado.La interrelación entre la pobreza, la corrupción y la escasez de oportunidades, se erigió como un contexto que, lejos de ser marginal, se revela fundamental en el análisis de los factores que alimentaron este fenómeno delictivo, y que La Nacha, supo hacer, manteniendo un control impresionante en la frontera de Ciudad Juárez, Chihuahua…Esta crónica continuará.
Fuentes: Archivo del Supremo Tribunal de Justicia de la Ciudad de Juárez, Chihuahua; con la colaboraron de Perla Yurissa Mendivil Mendivil y Angélica Pérez Ortez, Facultad de Contaduría y Administración, Universidad Autónoma de Chihuahua.



