Por: Oscar A. Viramontes Olivas
CHIHUAHUA CHIH.- Caminando por el centro de la ciudad de Chihuahua, allá por los años sesenta del siglo pasado, admirábamos construcciones que fueron gala de su tiempo, una de estas fue el Hotel Palacio Hilton y el viejo Teatro de los Héroes que, desgraciadamente desaparecerían, el primero en 1955, por acción de un loco piromaniático; en el caso del Hilton, constituía uno de los rasgos de la fisionomía citadina de 1890, fecha cuando se terminaría de construir y decorar en su exterior e interior, con una arquitectura francesa que, sin duda, hacía un binomio muy interesante al lado de la vieja plaza de la Constitución, cuando el ferrocarril empezaba a cruzar nuestro extenso Estado que, sin duda, representaría la oportunidad para impulsar el desarrollo e industrialización de nuestro suelo seco y arenoso.
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Así, el Hilton se convertiría en un elegante hotel en los albores del siglo XX, tiempo de muchos contrastes sociales y políticos; el moderno hotel, sería imán de atracción para visitantes que llegaban del extranjero, el turismo nacional y local, convirtiéndose en uno de los edificios más altos de la ciudad de Chihuahua, que, junto a la Iglesia de Catedral, serían las dos edificaciones que mirarían sin ningún obstáculo hacia los cuatro puntos cardinales en el horizonte. Este lujoso lugar, dotado de adelantos requeridos por la industria hotelera, y no solamente eso, sino que el Palacio Hilton, estaría ubicado en un lugar estratégico donde un día se empezaría a reunir “lo mejor” de la sociedad chihuahuense. Ya en funciones en la pujante capital, y cuando existía algún tipo de festividad o celebración, la gerencia general a cargo de don Carlos Roca, hombre estimado en la sociedad de aquellos tiempos, su encomienda era cuidar los detalles más minuciosos, permitiendo captar la simpatía de los visitantes extranjeros, nacionales, y de la propia sociedad local; éste gerente, sería siempre cuidadoso para que todo saliera al “dedillo”, y con su trabajo incansable, incrementaría la plusvalía de la joya arquitectónica que era el Hilton.
A finales de los años cincuenta, se empezaría a rumorar que sería construido otro hotel contiguo al Hilton, que tendría 20 pisos y vendría a ser el primer “skyscraper” en la vieja San Francisco de Cuéllar; esta profecía, se cumpliría en 1963, al cual, le llamarían “El Fermont”, sin embargo, otro hotel que también había sido parte del escenario de los cincuenta en el pasado siglo, enfrentito del Hilton, sería El Del Real, también desaparecido, sin embargo, su edificio sería conservado y rehabilitado para formar parte del Ayuntamiento de Chihuahua. Es de reconocer a la distinguida familia Terrazas, la cual, fue propietaria desde su construcción hasta el ocaso del Hilton que, a finales de los años sesenta, y principios de los setenta, sería demolido durante la administración municipal de don Ramón Reyes García, y como gobernador Oscar Flores Sánchez, con el fin, de ampliar la avenida Independencia, ya que el Hilton, se extendía hasta la mitad de dicha arteria. Hoy en día, solo queda el recuerdo en la mente y corazón de mucha gente que lo vimos, conocimos y que, formó parte del desarrollo de nuestra ciudad y del estado de Chihuahua.
Del Hilton nos trasladamos a una de las empresas locales, fundadas por chihuahuenses, me refiero a la antigua “Teléfonos de México, Sociedad Anónima”, organización que se ubicaría dentro de la historia de las comunicaciones telefónicas en el estado de Chihuahua, y cuyo antecedente sería el año de 1876, en que, se instalarían los primeros aparatos en las pujantes ciudades del sur del Estado como: Hidalgo del Parral, Jiménez, Camargo, incluyendo Ciudad Juárez, que todavía llevaba el nombre de “Paso del Norte”. Su desarrollo permitiría incrementar funciones en el periodo de 1907 a 1909 del mes de noviembre, cuando se iniciaría formalmente las operaciones de la “Compañía Telefónica de Chihuahua, S. A”, donde un grupo de personas, tomarían parte de esta importante empresa de comunicaciones, contándose a Tomás Dale, Gustavo Zork, Juan Creel, Mauricio Krakauer, Federico Pothast, Eduardo Moye, entre otros más.

La Empresa Telefónica de Chihuahua, funcionaría hasta el 29 de agosto de 1929, año que serviría de parteaguas para que los fundadores volvieran a organizarse con otros empresarios, integrándose el señor Walter Sibert de la “Compañía Eléctrica y Telefónica Fronteriza, S.A.” que después, pasaría a formar parte del consorcio de la compañía de “Teléfonos Ericsson”. Estos importantes tiempos, y el crecimiento de las necesidades de una población que empezaba a “repuntar” con paso firme, requería de una compañía que pudiera extender su influencia a más sectores en el estado de Chihuahua, por lo que, el servicio telefónico formal en la entidad, se iniciaría con 300 suscriptores, servicios que no se quedarían estáticos, ya que, en meses posteriores, aumentaría a 1,119 a finales de la década de los veinte del siglo pasado.
Para 1930, el servicio de telefonía crecería a 4,800 clientes en la ciudad de Chihuahua, además de la telefonía local, el servicio se ampliaría a larga distancia, inaugurándose en agosto de 1931, pasando la empresa a formar parte de la compañía “Teléfonos de México, S. A.” durante el gobierno del presidente Miguel Alemán Valdés, cuando se unirían la compañía Ericsson y Telefónica Mexicana, S. A., que, fueron las dos organizaciones que estuvieron funcionando independientemente en el país por muchos años. Sin duda, nuestra ciudad y el Estado, estarían poco a poco posicionándose dentro de la modernidad que se estaba dando a inicios de los años cuarenta, al concretizarse la compra de Teléfonos de México S. A. por un grupo de hombres de negocios mexicanos, y sobre todo, a iniciativa del prominente empresario don Eloy S. Vallina, así, las instalaciones en Chihuahua se convertirían al sistema automático, lo mismo que todas las de la República Mexicana impidiéndose sobre todo, la fuga de divisas que representaban las utilidades que percibían los accionistas extranjeros.
El consejo de administración de la compañía telefónica local, estaría conformado de la siguiente manera: como presidente, don Eloy S. Vallina; consejeros propietarios, don Carlos Trouyet, don Virgilio M. Galindo, don Eduardo Suárez, don Raúl Bailleres, don Manuel Senderos, don Jorge Hugo Beckman, don Justo Fernández, don Sam D. Young, don Marcos Wallenberg, don Edmond H. Leavey. Los suplentes estuvieron formados por don Rafael Vallina, don Aníbal de Iturbide, don Rafael Blumenkron, don Julio Lacaud, don Luis Latapí, don Guillermo M. Aréchiga, don Eduardo Villaseñor, don Augusto Domínguez, don Arturo Wisburn, don Sven Ture Alberg, don Charles D. Hilles, Jr.; como secretarios propietarios: don José Joaquín César, suplente, el señor Salvador Urbina Bollánd; como propietarios comisarios, don Roberto Casas Alatriste; suplente, don John H. Lumpkin y en la dirección Hugo Beckman, director general; don José Joaquín César, subdirector general y don Eric George Gustavo, controlador general.
Ante esta forma de eficiencia administrativa de los recursos y del servicio, la nueva central automática de Teléfonos de Chihuahua, tendría una capacidad de servicio inicial de siete mil aparatos que, al cabo de varios meses después, aumentaría rápidamente hasta diez mil, no tardando mucho cuando la clientela empezaría a incrementarse ante la necesidad de contar con un aparato, y una línea que sirviera para comunicarse no solo localmente, sino a larga distancia, por lo que, la meta y las expectativas, fueron rebasadas, decidiéndose ampliar el proyecto con la construcción de nuevas instalaciones para duplicar las posibilidades es decir, para dar servicio a 20,000 chihuahuenses en 1950. Finalmente, el trabajo de muchos hombres de empresa que le dieron impulso a la creación de una organización en comunicación telefónica, fue loable, y se debe de reconocer, ya que, el empuje que desde décadas atrás se empezó a experimentar en la ciudad y el estado de Chihuahua, serían determinantes para que con este servicio, tanto personas físicas como morales, tuvieran la oportunidad de enlazarse con sus seres queridos o la oportunidad de hacer negocios en esta, y otras latitudes, respectivamente.
Comienzo de la Telefonía Chihuahuense y el Hotel Hilton, forman parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua. Si desea la colección de libros “Los Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua”, tomos del I al XIII, adquiéralos en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111).
Fuentes de Investigación:
Archivo Histórico del Municipio de Chihuahua.
Fototeca INAH-Chihuahua.
Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas Chihuahua (APCUCh).



