Crónicas Urbanas de Chihuahua   Ciudad Juárez y el imperio de “La Nacha” (III Parte)

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Por: Oscar A. Viramontes Olivas

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CHIHUAHUA CHIH.- En esta tercera entrega, sobre uno de los personajes más emblemáticos relacionado con el tráfico de drogas en Ciudad Juárez, la señora Ignacia Jasso González, mejor conocida como la “Nacha” allá por los años 30 del siglo pasado y frente a la corrupción galopante que existía en la policía y otras instancias, el defensor del concejal de prisiones, plantearía un interrogante al juez segundo de Distrito del estado, quien tenía a su cargo el caso de la Nacha; además, comentó: “Sí hay narcóticos en la cárcel pública, y existen situaciones vergonzosas a la vista, en vez de ser un lugar que contribuya a la reintegración de los reos, como lo pretende la ley, esto es una falla colectiva, y debe ser atribuida a quienes han ocupado cargos públicos que tenían el deber, de convertir esa institución, en un lugar adecuado, y no en uno de sufrimiento y deshonor”.

La Nacha sería llevada a la ciudad de Chihuahua, siendo recluida en el máximo Penal del Estado, debidamente custodiada por el comandante de la policía de Ciudad Juárez, el señor Salvador Chávez, y los agentes de las comisiones de seguridad, Antonio Valencia y Jesús G Chávez, para entregarla al señor Coronel, Jesús Servín, director de la penitenciaría, quien ordenaría su alojamiento en la crujía, correspondiente al departamento de mujeres y en este sentido, uno de los reporteros del Heraldo de Chihuahua, inmediatamente se trasladaría al penal, con el fin de entrevistar a este famosa señora. Ya en la peni, se le dio acceso donde se encontraba la protagonista de esta historia, y al llegar con ella, se expresó frente a ella: “Quisiéramos conocer de sus labios, su propia historia, para darle a conocer al público ya que dentro del círculo de delincuentes que, en que ha figurado, constituye un ejemplar que ha sido aureolado por la fantasía de aventuras increíbles, como jefa de una de las más grandes bandas de traficantes de drogas, cuya actuación, ha tenido actuaciones internacionales, y sobre todo, importantes dentro de la delincuencia.

“La Nacha es una mujer de estatura mediana, gruesa, y de ojos pequeños, en los cuales, se refleja una inteligencia poco común en las mujeres de su clase, porque nuestra entrevista, pertenece -dice el reportero de El Heraldo- a la clase media. Nació en el pueblo de Mapimi, estado de Durango en 1904, y, por lo tanto, tiene a la fecha 40 años (1944) de edad; se casó a la edad de 30 con Pablo González, alias “El Pablote”, en Lerdo, Durango el año de 1917, trasladándose a vivir a la ciudad de El Paso, Texas, donde radicaba su padre, el señor J Dolores Jasso. Pocos meses después de su matrimonio, pudo darse cuenta de que, su esposo que ganaba muchísimo dinero y que habría de logrado amasar una importante fortuna, se dedicaba al negocio del tráfico de drogas, por cuya actividad, siempre vivió rodeado de peligros sin cuento. Para 1929, cuando su esposo se encontraba en el cabaret “La Luz Colorada”, sería asesinado a balazos por un agente de la policía, del cual, La Nacha solo recuerda que se llamaba Feliciano, a quien, poco tiempo después, estaba en libertad, quedando impune su delito.

“Antes de la trágica muerte de su esposo, La Nacha, había decidido divorciarse en vista de las actividades delictuosas a que, él se dedicaba, y así se lo hizo saber a Pablo González, traficante de drogas, después de amenazarla si persistía en divorciarse, La Nacha, sería detenida y encarcelada, ya que su marido, conocedor del negocio, encontró la manera de que la autoridad la encontrase con algunas cantidades de droga, por lo que, fue a dar con su humanidad a la cárcel y siendo así, pisaría la prisión por primera vez. Once meses estaría detenida, saliendo libre. Poco después que su esposo cayó acribillado a tiros, debido a sus actividades en la mafia, La Nacha, empezaría a hacer desde entonces, y según sus propias palabras, objeto de persecuciones sin cesar, a pesar de que ella trabajaba honradamente, no dejándola en paz un solo momento la policía. Al quedar desamparada con sus siete hijos, el mayor, que contaba con 23 años, y acababa de graduarse como agrónomo en la Escuela de Agricultura Hermanos Escobar de Ciudad Juárez, buscaría la manera de ganarse la vida para poder educar, vestir, y alimentar a su numerosa prole, Fue así, como se dedicaría al popular contrabando de ropa, la cual, compraba en El Paso, Texas para revender en Ciudad Juárez, y posteriormente, en  Torreón, Durango, y otras plazas, donde le iba muy bien, logrando amasar un capital suficiente.

“Como consecuencia de las actividades a que se dedicaba La Nacha, sería encarcelada en muchas ocasiones, pero posteriormente, y por el hábito de su marido, se le encausarían acusaciones en el sentido de que, se dedicaba a los mismos negocios productivos de su extinto esposo, -Imagínese usted mi situación- nos dice La Nacha, enjugando con sus pañuelos las lágrimas que brotaban de sus pequeños ojos. Sin embargo, cuando sus hijos se dieron cuenta del cargo que se le había impuesto, les embargó una enorme pena, y a la vez, una tremenda indignación por las injusticias de que era víctima, llegando a comprender que el destino, le había señalado para afrontar un porvenir oscuro, hasta que pudiera educar a sus hijos, dándoles una posición de la cual nunca había disfrutado.

“Vivía entonces La Nacha en la casa número 3830 de la calle Tularosa en El Paso, Texas y desde entonces, las autoridades americanas decidieron expulsarla del país, y con los ahorros que había juntado, La Nacha adquiriría un terreno ubicado en la calle Ocumba en Ciudad Juárez, donde construyó una vecindad, y otra casa más, en la calle Ugarte para patrimonio de sus hijos. Según ella, su esposo, el magnate del tráfico de drogas, no le dejó ni un petate en qué acostarse, por lo que tuvo que empeñar casas, contrabandeando ropa y licores, dedicándose a muchas otras actividades de esta naturaleza, por ello,  La Nacha, viviría según propia expresión, a la trácala, y a la mentira, pues su esposo había ganado muchos millones de pesos en el tráfico de enervantes, pero ella no movió un solo centavo, y cuando lo mataron según nos cuenta, quedó prácticamente en la miseria, en la chilla.

El reportero la seguía interrogando, manifestando lo siguiente: “La interrogué, si en alguna ocasión, se había dedicado al tráfico de drogas, prontamente y con resolución, me contestaría que ¡nunca!, porque era un negocio muy peligroso, y además, el contrabando de ropa o de otros enseres, le dejaba lo suficiente para vivir sin riesgo alguno. Le pregunté por los nombres de quienes formaban la Mafia de traficantes de drogas, y con presteza y alarma, se apresuró a decirme que no sabía. Aunque después, ya de mi insistencia me dijo que, a todos ellos conocía, pero que eran gente en extremo peligrosa que nunca se detenían ante nada para eliminar a los soplones, por lo cual, temiendo represalias, nada me dijo al respecto, solo se limitó a indicarnos que su esposo, si tuvo relaciones con ellos, y que estos mismos, habían sido los que ahora la hostilizan, denunciándola ante las autoridades, y haciéndole la acusación de ser traficante, cosa que, hasta el momento de la entrevista, nunca le había sido comprobado ningún delito relacionado con drogas.

“La situación de La Nacha se fue haciendo más desesperante, nos dice ella que, había decidido abandonar Ciudad Juárez, y con los ahorros que logró acumular, adquirió un ranchito en Salvacar, cercano a la citada ciudad, donde se dedicaría junto con su nuevo esposo, el señor Antonio Alvarado, con quien contraería matrimonio en 1932, dedicándose a la explotación agrícola. Nos dice que vivía tranquila, pero ni aún, así, la dejaban en paz las autoridades, por las que “derramó” en muchas ocasiones, varios miles de pesos para que la dejaran en paz. En estas condiciones se encontraba, cuando se le volvió a detener durante la administración de Antonio Bermúdez, bajo el cargo de “traficante de drogas”, con acusaciones por parte de las autoridades norteamericanas, empeñando su rancho en $15,000 pesos, para poder hacer frente a esta nueva acusación, pero ni esto, le valió, y ahora tiene en el alma este compromiso, y la condena de dos años y tres meses de prisión que se le impuso; ella jura, y avalado por muchas personas, que nunca se ha dedicado al tráfico de drogas, ella dice que primero fue la policía la que le sacaba dinero, por conducto de los abogados, cuando ya no les dio nada, tuvo entonces el ataque por parte de la autoridad con chantajes y extorción, por eso, le dieron dos años de sentencia por cumplir, además del pago de $300 pesos para el defensor de La Nacha, el licenciado Brito Flote. Se le notaba su preocupación por la apelación que había interpuesto, y ello se debía a que no tenía mucho dinero para seguir con la defensa en contra de las acusaciones de posesión de drogas”. Esta crónica continuará…

Fuentes: Archivo del Supremo Tribunal de Justicia de la Ciudad de Juárez, Chihuahua; periodista Alejandro Gómez, Diario de Juárez; colaboración de Perla Yurissa Mendivil Mendivil y Angélica Pérez Ortez, Facultad de Contaduría y Administración, Universidad Autónoma de Chihuahua.

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