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miércoles, febrero 18, 2026

Crónicas Urbanas de Chihuahua: El Cine en Chihuahua: Betancourt hasta el Teatro de la Ciudad  

Por: Oscar A. Viramontes Olivas

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La evolución del cine en la ciudad de Chihuahua desde la proyección de películas mudas al aire libre, por aquellos peregrinos del llamado “cine itinerante” que viajaban de un lugar a otro llevando alegría y mucho entretenimiento con carpas que instalaban en la vía pública, cargando enormes y pesados aparatos hasta el inicio de los cines fijos, donde se empezaron a buscar lugares grandes para llevar a cabo las funciones para un publico que empezó a estar más resguardado de las inclemencias del tiempo, diversión que, se fue acrecentando hasta el arribo del cine sonoro en México, lo que causó sin duda una “revolución” en los primeros meses de 1929.

Sin duda, el cine sonoro marcaría un antes y un después en la producción de películas, lo que afianzaría la verdadera industria nacional, es decir, de un aparato productivo de películas más o menos sistemático y continuo con características propias y distintivas que, por la ausencia de condiciones propicias, no pudo desarrollarse en la época muda, más allá de algunos esfuerzos precarios, aislados y discontinuos.

La cultura del cine, fue tomando forma en la sociedad chihuahuense, paulatinamente, fue aumentando la cantidad de espectadores que esperaban el fin de semana para disfrutar de una película y divertirse con esta atracción, con ello, también aumentó vertiginosamente el número de establecimientos entre los que, se empezarían a instalar algunos como el Teatro Betancourt, lugar en donde se adaptaría uno de los primeros cinematógrafos en la ciudad de Chihuahua gracias al emprendimiento del empresario español Eduardo Albafull, hombre que siempre fue un pionero en esta actividad, tanto del teatro como del cine y que a pesar de las inclemencias económicas, supo demostrar esa pasión que tenía por estas extraordinarias actividades desde 1877 hasta 1904.

Pasarían los años y el Betancourt ya era parte integral de la sociedad de aquellos tiempos, ofreciendo diversión al máximo a un público que estaba ansioso de entretenimiento. Este Teatro se ubicaba en la calle Victoria, era uno de los salones de cinematógrafo y variedades que estaba en el centro de la capital. Dicho lugar, destacaba por su elegancia, tanto que era conocido por las citas de “Donde se cita la crema de nuestra sociedad”. Ese mismo año, se ofrecieron estrenos diarios, como las películas: El señor que persigue a las mujeres, El hombre de los guantes blancos y La señal reveladora. Era frecuente que también anunciaran funciones para niños. A lo largo de cinco años, exhibió las “vistas” más prestigiosas de la época, lo que, en años posteriores, fuera recordado como el primer salón de cinematógrafo de Chihuahua, sin embargo, don Eduardo no esperaría que una “maldición” llegara a este teatro, un incendio empezaría a propagarse a partir de los decorados debido a la falta de seguridad que existía en cualquier instalación de le época, además, de la irresponsabilidad de personas que fumaban al interior, siendo una posible “bacha”, la que llegaría a propinar tan lamentable acontecimiento que barrería de la faz urbana al Betancourt en el mes de julio de 1904. ¡Pobre! don Eduardo, muchos sueños de su vida se esfumaban en un momento, al contemplar que su teatro, se había consumido por un voraz incendio, sin duda, eran momentos de angustia y zozobra, pero el ánimo y la vocación que siempre había mostrado por este arte, nunca decayeron por completo.

Don Eduardo poco a poco se empezaría a recuperar anímica y económicamente gracias a esa vocación tan arraigada que tenía por el arte del teatro y cine, ya que seis años pasarían para que, de nueva cuenta un nuevo sueño se volviera realidad, el cual, estaría ubicado en la actual calle Ojinaga muy cerca de la avenida Independencia y ya con su nuevo proyecto en mano, empezaría a reconstruir esa emoción que siempre le había provocado el Betancourt, pero ahora con otro nombre: “El Centenario” que, sería bautizado así, en conmemoración a los 100 años de la Independencia de México de 1810.

Pero una nueva tribulación se avizoraría en los cielos de Chihuahua con el inicio de la Revolución Mexicana, lo que representó una gran amenaza a sus intereses empresariales, pues debido a toda la “revoltura” originada por este conflicto, dejaría de dar diversas funciones como las presentaciones de zarzuela, variedades y cinematógrafo en dicho recinto. Chihuahua estaba sufriendo esos estragos de la guerra, sin embargo, para marzo de 1911, don Eduardo ya había capoteado la tormenta y las tempestades de ese conflicto absurdo, poniendo en escena funciones diarias, además, aprovechando los domingos cuando la gente salía a despejarse, asistiendo a las iglesias a pedir a Dios para que la guerra terminara pronto. El Centenario además de ese día, no descansaba, pues también llegaría a ofrecer funciones en los días festivos, sin olvidar, además, a otro público que muchas de las veces eran marginado, los niños, ofreciendo don Eduardo funciones dedicadas exclusivamente para los chiquitines como una especie de función matiné donde los precios eran accesibles para todo mundo, especialmente para los infantes que podían entrar dos peques con un solo boleto.

Entre las películas que se empezarían a exhibir en el Centenario, se encontraban: El azote de la humanidad, La gratitud de un jefe indio, Moctezuma y Hernán Cortés, El desertor, Amor y celos y Desdémona y Otelo. Estas películas sin duda, empezarían a revivir el ánimo de una sociedad que estaba inmersa en una situación de incertidumbre por la revolución.

Las noticias de aquella época eran dramáticas, sin embargo, don Eduardo tenía en claro que “la función debía continuar” y que el público de Chihuahua necesitaba sobrepasar esos tragos amargos con un poco de diversión y entretenimiento a través del cine. Una importante característica que empezaría a ofrecer este cine en sus proyecciones y sobre todo en los intermedios, fue la proyección de los eventos y acontecimientos de la revolución, era el noticiero de aquella época desgarradora, ya que se presentaban los acontecimientos que se estaban suscitando en la guerra de aquel México de tragedias y miseria.

Don Eduardo superaría el conflicto revolucionario y sus presentaciones empezarían a tomar vuelo, dando de nueva cuenta firmeza de lo que el quería, ofrecer lo mejor a la sociedad chihuahuense a través de sus películas y puestas en escena teatrales. Sin duda, todo iba en viento en popa y una nueva amenaza a sus intereses llegaría como aquel mes de julio de 1904 con el Teatro Betancourt, pero ahora en mayo de 1938, cuando de nueva cuenta vendría otro incendio, pero ahora al Teatro Centenario.

Cabe señalar que eran situaciones que se estaban presentando de forma común en cines y teatros en México y el mundo, debido al peligro que representaban las fuentes de energía eléctrica y por el material inflamable de las cintas cinematográficas, al igual, de todo lo que componía cualquier cine, cortinas, acabados de madera, telas, proyectores, entre otras cosas, y aparte porque en aquellos tiempos, no existía ningún programa de protección civil como existe hoy en día.

Destruido por los terribles incendios los dos proyectos de don Eduardo, para 1946 se iniciaría en el mismo lugar, la construcción del Teatro-Cine Colonial que sería inaugurado el 21 de marzo de 1947, con capacidad original de 3,400 personas, diseñado por el arquitecto Arturo Olivero Cerdeño, oriundo de la ciudad de Monterrey. Durante el periodo de 1910 a 1930, cines como el Centenario, después llamado Colonial, el Ideal en la calle Aldama y Quinta; el Apolo, en Ocampo y Ojinaga; el Estrella, de Aldama y 21a o el Alejandría que se encontraba en la colonia Industrial; el Alcázar enfrente de la Plaza de Armas, así como El Avalos y el Azteca, presentaban desde películas y obras de teatro, hasta cintas del cine europeo. El Colonial, fue uno de los cines más recurridos por la población de aquella época, pues ofrecía precios populares en la presentación de cintas del cine mexicano de la época de oro, además había espacio para que los niños tuvieran sus matines. Sin duda, era un lugar de mucha diversión, pero además de películas, ofrecían puestas en escenas de obras teatrales muy importantes. Pero el Colonial llegaría a su fin, debido a la crisis económica del país, cerrando sus puertas en 1992 y abandonado a sus suerte hasta el año 2000, cuando el edificio sería trasformado y remodelado en su totalidad, convirtiéndose en El Teatro de la Ciudad en la administración municipal de José Reyes Baeza…Esta Crónica continuará.

“El Cine en Chihuahua: Calderón

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Fuentes:

*Alma Montemayor, “Salón Rosa”, Cien años de cine en Chihuahua. Universidad Autónoma de Chihuahua.

*Archivo Histórico del Municipio de Chihuahua, Fondo Revolución, Sec. Secretaría, Caja 5, Exp. 17 “Se concede permiso a la Cía. de anuncios y diversiones La República para funciones de cinematógrafo”.

Cine Silente Mexicano, “Los primeros cines en Chihuahua”, Cine Silente Mexicano, disponible en:  https://cinesilentemexicano.wordpress.com/2011/02/25/los-primeros-cines-en-chihuahua/ (consultado 12-05-2023).

*Guía Histórica de la Ciudad de Chihuahua, Francisco R. Almada.

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