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martes, febrero 17, 2026

Crónicas Urbanas de Chihuahua: Temblor político en los 80: PRI, PAN y la Izquierda hacia elecciones de 1986

Por: Oscar A. Viramontes Olivas

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CHIHUAHUA CHIH.- Fernando Baeza y Francisco Barrio Terrazas, a este último de cariño le llamaban “Pancho”, con un convencimiento muy fuerte de multitudes panistas y no panistas allá en la fronteriza de Juárez, sería elegido el 26 de enero de 1986, como el abanderado de los azules para la gubernatura de Chihuahua. Barrio, contaba con una importante experiencia empresarial y desde que, estaba en los medios públicos, se lanzó contra el gobierno estatal, con críticas y más críticas, que lo hicieron famoso dentro del medio, pues en una contienda, lo que piden los espectadores es “sangre y golpes”. El tiempo llegaría para este personaje que, más tarde sería uno de los “Barbaros del norte”.

En la convención panista se alzaban también fuertes voces, y consignas en contra del sistema, y uno de ellos que estaría al frente con la candidatura a la gubernatura sería el mismo Barrio, carismático, muy cercano con las clases débiles en aquel tiempo y en esa reunión multitudinaria, también estaba contendiendo el que, en aquel entonces todavía era alcalde de la capital y me refiero a don Luis H. Álvarez, personaje que atraía en aquellos tiempos, a multitudes con tan solo decirlo en los medios de comunicación, y que, en su momento, allá por el verano de 1958, se había postulado como candidato a la presidencia de la república. Por último, en esa convención democrática, Barrio le ganaría a Álvarez por más de 400 votos, cosa contraria que en el partido de enfrente, la elección había sido por candidato de unidad.

Otras corrientes políticas salían de la “obscuridad”, para tratar de luchar en el proceso electoral de 1986 que se avecinaba, y se trataba del Partido Socialista Unificado de México (PSUM), quienes también en una convención de unidad, optaron por elegir al profesor Antonio Becerra Gaytán, como su gallo para la contienda a la gubernatura, la verdad, la elección del profe Becerra, era una de las mejores cartas de la izquierda, pues siempre se había caracterizado por la lucha socialista en favor de los más desprotegidos; una larga carrera en el ámbito político y social en el Estado, y también de toda la República Mexicana. En el momento de la elección, el profe era el Secretario general del Comité estatal y miembro del Comité central pesumista. Otros partidos de izquierda no se quedaron atrás, y fue el caso del Partido Socialista de los Trabajadores (PST), quien dentro de su escasa militancia, sacó de entre sus filas a Manuel de Jesús Bañuelos; por otro lado, el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), elegiría entre sus filas “democráticamente” al licenciado Rubén Aguilar, quien había sido líder del Comité de Defensa Popular, mejor conocido como CDP, quien por muchos años llegó a ser líder y fundador de varias colonias de la ciudad, junto a Adán Sigala, como la Villa Nueva, Villa Vieja, entre otras.

Rubén Aguilar, iniciaría sus actividades políticas dentro del núcleo estudiantil de la entonces Universidad de Chihuahua, cercano a personajes como Antonio Becerra Gaytán y Adán Sigala, como se mencionó con anterioridad. Fue uno de los principales líderes de la huelga estudiantil de 1973, durante el gobierno de Oscar Flores Sánchez. Posteriormente, y en unión con Adán Sigala, se dedicó al trabajo social de base que, consistió en organizar masas populares de migrantes del campo a la ciudad, personas de escasos recursos económicos y otros, y liderarlos en la lucha por conseguir terrenos para el asentamiento de la vivienda popular, y la introducción de servicios públicos. La organización que fundaron se denominó Comité de Defensa Popular (CDP), que se extendió rápidamente por el estado de Chihuahua, y tuvo versiones en Durango, Torreón y, Coahuila. La principal actividad del CDP, era la invasión de terrenos privados sin construcción, y su reparto entre sus miembros para la creación de vivienda, conocidos popularmente como “paracaidistas”, donde tuvieron un gran auge en Chihuahua y Ciudad Juárez, principalmente.

Otros partidos de izquierda, nombrarían sus representante como el Socialista de los Trabajadores (PST), con  Jesús Luján Gutiérrez, quien también había formado parte de las filas del Partido Popular Socialista, partido elitista del gobierno; el Mexicano de los Trabajadores (PMT), con Eugenia Díaz Medina; el Demócrata Mexicano (PDM), con Mariano Álvaro Valencia, y el Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM), daría su apoyo al candidato priista. Estos chiquipartidos, no tenían otra alternativa que sacar sus pocas reservas de pólvora para lograr alguna posición, o por lo menos, unirse a otro grande, simplemente para conservar el registro. Por ello, el PST, registraría a 14 aspirantes a diputados y 31, a presidentes municipales; el PSUM, 12 a diputados y 11 para alcaldes; el PPS, 11 en ambos casos; el PRT, 10 y 37, respectivamente; el PARM, siete en ambos casos; el PDM, dos a diputados y tres a alcaldes y, finalmente, el PMT inscribió a dos aspirantes a diputado local y a uno, a la presidencia municipal de Chihuahua.

Junto a estos movimientos de izquierda, estaban otros grupos que participaron en la lucha electoral, como el Movimiento Democrático Electoral (MDE), encabezado por el Movimiento Democrático Campesino que, en 1985, había participado en la toma de bodegas de la Compañía Nacional de Subsistencias Populares (Conasupo), en demanda de mejores precios de garantía y pago de adeudos. Entre sus líderes, destacaba la figura del padre Camilo Daniel. Esta agrupación formada por varias organizaciones, entre ellas el Movimiento Democrático de Maestros, los partidos PSUM y PMT, y algunas comunidades eclesiásticas de base. El MDEn declaraba que luchaba para evitar la violencia electoral, para propiciar la limpieza en las elecciones y el respeto a la voluntad de los chihuahuenses, pero sin inclinarse por ningún partido político en especial.

Eran tiempos difíciles para el estado de Chihuahua y para el país completo, la maquinaria de cada una de las fuerzas políticas que querían tomar el poder, era en ocasiones visceral y sin tregua, así le sucedió al Partido Revolucionario Institucional que, para la oposición, era el alma pecadora de todos los males de este pobre país, ya que, las crisis recurrentes que estaba experimentando México, desde el comienzo del sexenio de Luis Echeverría Álvarez, y que continuó con José López Portillo, Miguel de la Madrid y finalmente, con el presidente Carlos Salinas de Gortari, era sin duda, la pólvora y carne de cañón de otros partidos para juzgar y acusar al tricolor, de las desgracias de los mexicanos, y valla que lo supieron hacer mercadotécnicamente hablando.

Sin duda el PRI tenía que hacer algo antes de que todo se volviera una verdadera catástrofe, un tsunami en medio del desierto o si, la comparación no es la adecuada, se avecinaba una enorme tormenta de arena que podría enterrar y atrapar entre el polvo de la desesperación, a un partido en vías de extinción.  Sin embargo, algunos de los “dinosaurios” de ese grupo político, con ánimo de mejorar el ambiente dentro de sus filas, mencionaron una máxima que hasta nuestros días se ha quedado: “Todavía queda PRI para rato”. Fue así, que los gurús empezaron hacer sus limpias e invocaciones a los dioses del olimpo, para que de pérdida los resultados se revirtieran para ese partido. Fue en este orden de ideas que, se empezó a buscar estrategias para revertir la maldición que había descendido desde lo más profundo de los avernos, y enfrentar las elecciones de 1986 con una mejor participación y con un partido renovado.  Se tenía que elegir a los “mejores hombres”, eslogan muy utilizado y trillado en el lenguaje político de ese partido, y para ello, tendrían que darle respuesta a los 67 municipios, por lo que, se elegirían más de 220 aspirantes y para ello, se tendían que elegir democráticamente al instalar más de 950 mesas de votación, donde empezarían a buscar elegir a los precandidatos que saldrían a conseguir el voto y llegar a ser candidatos, prometerle al electorado, el cielo, mar y las estrellas, sobre todo, tratando de recuperar las principales alcaldías que se habían perdido en el año de 1983.

En Chihuahua, uno de los hombres que el PRI estaba fijando para recuperar y arrebatarle la alcaldía al panista Luis H. Álvarez, era Mario de la Torre Hernández, egresado de la Universidad Autónoma de Chihuahua y en 1986, lograría imponerse y sacar al PAN del poder de la capital. Por su parte en Ciudad Juárez, era electo uno de los empresarios más prominentes de aquella frontera, me refiero a don Jaime Bermúdez Cuarón, juarense que pudo recuperar el municipio fronterizo para el PRI, después de que Acción Nacional lo había ganado en 1983 con Francisco Barrio Terrazas. Ellos fueron elegidos en convenciones mediante el voto de los delegados de los diferentes sectores del partido…Esta crónica continuará.

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Fuentes:

Hemeroteca del Heraldo de Chihuahua, 1980 a 1986.

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