Eduardo Borunda
CD. JUÁREZ.- Era inevitable no tocar el tema, un mensaje a la nación que rompió audiencias y causó asombro en la forma en que un discurso impone una línea de división en la sociedad, principalmente entre la comunidad estadounidense donde la diversidad social, étnica y su cosmovisión histórica está llena de riqueza multicultural.
Lo que se vio en el discurso fue una narrativa oficialista, triunfalismo apocalíptico, el recuento de un presunto fraude electoral, el enmascaramiento de la mentira como herramienta de control político, la manipulación de las mentes, citando cifras sin fuente verídica o que no sabes a ciencia cierta si son verdades a medias.
¿Qué vimos? Un egocentrismo político plasmado en la frase “Yo”, “Yo hice”, “Yo, yo”. Cuando en realidad es un llamado a la pluralidad y no se reconoce el trabajo de millones de estadounidenses que luchan cada día de su vida por construir una nación fuerte, con su trabajo, con su entrega a un llamado al sueño americano. El egocentrism



