Por Ocsar Viramontes
Caminar hoy, en pleno 2026 por el corazón del Centro Histórico de la ciudad de Chihuahua, es enfrentarse a un titán que parece haberse quedado sin aliento, justo cuando la ciudad más ruido hace. El edificio que una vez albergó al “Hotel Excelaris” y que durante sus últimas décadas de vida, conocimos simplemente como el “Palacio del Sol”, se yergue todavía con sus dieciocho niveles de altura, pero su mirada es ahora opaca, compuesta por cientos de ventanas rotas, y cortinas deshilachadas que bailan al ritmo del viento del desierto; esta es la crónica de un coloso, que nació para ser el epicentro de la modernidad norteña y que hoy, abandonado y envuelto en litigios, espera una segunda oportunidad o el golpe final de la demolición.

La historia de este gigante de concreto, comenzó a gestarse a finales de la década de los setenta, periodo en el que Chihuahua, buscaba desesperadamente sacudirse la imagen de pueblo grande para transformarse en una metrópoli industrial. Fue en el año de 1978, cuando las primeras excavadoras rompieron el suelo en la estratégica intersección de la avenida Independencia y la calle Niños Héroes. Detrás de este proyecto, no estaba un grupo cualquiera, era la visión del empresario Enrique Elías Müller. Él no quería un hotel más, quería un símbolo de poder, pues la construcción no fue una tarea sencilla ni rápida, al prolongarse durante casi cinco años debido a la complejidad de cimentar una estructura de tal envergadura en una zona de suelo caprichoso, y por la ambición de incluir tecnología que en aquel entonces, parecía de ciencia ficción para el estado, como sistemas de aire acondicionado integral, y elevadores de alta velocidad que serían los más rápidos de la región.
Para comprender la magnitud del proyecto que Enrique Elías Müller encargó a finales de los años 70, no basta con mirar la fachada, hay que entender la ingeniería que sostiene al antiguo Palacio del Sol, ya que, al diseñar un edificio de 18 niveles en el centro de Chihuahua, una zona con características sísmicas moderadas, pero con un suelo que alterna entre capas rocosas y arcillas expansivas, requirió soluciones técnicas de vanguardia para la época. La estructura del hotel, está basada en un sistema mixto de marcos rígidos de concreto reforzado, y muros de cortante (muros de carga de concreto armado), estratégicamente distribuidos para absorber las fuerzas horizontales, ya sean sísmicas o de viento. Esta combinación, permitió dar rigidez al edificio, sin sacrificar la flexibilidad interior necesaria para la distribución de sus habitaciones. El alma del edificio, su columna vertebral, es un núcleo central de concreto que alberga los elevadores, y las escaleras de emergencia, el cual, fue colado monolíticamente para brindar la máxima resistencia.
Uno de los mayores retos técnicos, fue la cimentación, ya que, debido a la gran carga concentrada en una huella relativamente pequeña para la época, se optó por una cimentación profunda, basada en pilotes de concreto que, se extendían varias decenas de metros bajo el nivel de la calle, para alcanzar un estrato de suelo firme, capaz de soportar el peso de la estructura. Sobre estos pilotes, descansa una losa de cimentación masiva que distribuye uniformemente las cargas de los 18 pisos. En cuanto a sus instalaciones, el hotel fue pionero en la ciudad, diseñándose con un sistema de aire acondicionado centralizado, una verdadera proeza de ingeniería en 1983. Este sistema, utilizaba grandes manejadoras de aire, y un banco de chillers (enfriadores de agua) ubicados en la azotea, los cuales, bombeaban agua helada a través de tuberías ocultas en los falsos plafones de todo el edificio. Para gestionar esto, el hotel contaba con su propia subestación eléctrica de alta capacidad, garantizando que el funcionamiento de los elevadores de alta velocidad, las cocinas industriales, y la iluminación de las más de 200 habitaciones no sufriera interrupciones. Por último, el diseño de fachada, se centró en la durabilidad y la estética moderna de los años 80. Se utilizaron paneles prefabricados de concreto, y grandes ventanales con vidrio tintex, para reducir la carga térmica del sol chihuahuense, una solución que buscaba eficiencia energética antes de que el término fuera popular en la construcción local.
Resulta fascinante contrastar aquella tecnología que en 1983 se consideraba de vanguardia absoluta con los estándares de sostenibilidad y seguridad que rigen nuestra realidad en este 2026. Al analizar el coloso desde una perspectiva técnica, nos damos cuenta de que la arquitectura del antiguo Excelaris, representó un hito en su momento, pero hoy, constituye un desafío monumental en términos de eficiencia. En su origen, la estructura se basó en un concreto armado convencional, con una densidad de acero altísima para garantizar la rigidez, mientras que los estándares actuales, apuestan por concretos de alta resistencia y aleaciones de acero que optimizan tanto el peso como la cantidad de material utilizado. Esta brecha se vuelve abismal, cuando hablamos de la climatización, pues, el hotel operaba con un sistema centralizado de agua helada, conocido como chillers, que, para los parámetros energéticos de hoy, resultaría prohibitivo por su altísimo consumo.
En contraste, los edificios modernos, utilizan sistemas de “Volumen de Refrigerante Variable” (VRF) que, permiten un control independiente y ultra eficiente por zonas, lo mismo sucede con la piel del edificio; mientras que, en los ochenta, el vidrio “Tintex”, era el estándar para mitigar el calor, hoy, esa tecnología es ineficiente, comparada con los cristales “Low-E” de baja emisividad, cargados con gas argón que, ofrecen un aislamiento térmico total, incluso, en detalles como la iluminación y la seguridad, la distancia es enorme, pasando de focos incandescentes y redes de hidrantes básicas, a sistemas LED automatizados con sensores de movimiento y rociadores inteligentes, distribuidos en cada rincón del inmueble.
El 14 de octubre de 1983, el hotel abrió sus puertas bajo la prestigiosa bandera de “Excelaris Hyatt”, aquella noche de inauguración, quedó grabada en la memoria colectiva de la élite chihuahuense, como el evento social más importante del siglo XX en la capital. El despliegue de figuras públicas fue abrumador, en el corte del listón, flanqueaba a Enrique Elías Müller, se encontraba el Gobernador del estado, don Oscar Ornelas Kuchle, un hombre cuya administración estaba intrínsecamente ligada al desarrollo industrial, también, estaba presente al entonces Presidente municipal, don Luis H. Álvarez, figura icónica de la política nacional que, a pesar de las tensiones partidistas de la época, reconocía en el hotel, un motor económico para el centro de la ciudad. Junto a ellos, caminaban por los pasillos recién alfombrados, personajes de la iniciativa privada, como los Terrazas, los Muñoz, y representantes de la banca nacional, todos maravillados por el lujo de los acabados en mármol, y las vistas panorámicas que ofrecían los pisos superiores, desde donde se podía ver, por primera vez, con tal claridad, la silueta de la Catedral y los cerros que custodian la ciudad.
“El Fantasma del Centro: el Dilema del -Palacio del Sol- entre Rehabilitación y Ruina”, forma parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua. Si desea la colección de libros “Los Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua”, tomos del I al XIII adquiéralos en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111) o al WhatsApp 614-148-85-03 y con gusto los llevamos a domicilio.


