La reciente muerte de Robert Redford, protagonista de la emblemática película Todos los hombres del presidente, ha reavivado el debate sobre la libertad de prensa. A medio siglo de aquel homenaje a la labor periodística, surge la pregunta: ¿son los medios más libres hoy que en la época del Watergate?
En Estados Unidos, la administración Trump ha intensificado las presiones sobre los medios. Un ejemplo reciente es la suspensión del programa de Jimmy Kimmel en ABC, tras comentarios del presentador que fueron interpretados como una crítica al presidente. Estas coacciones no son nuevas; desde su primer mandato, Trump ha atacado a la prensa, calificándola de “enemiga del pueblo” y utilizando su poder para silenciar voces disidentes.
En España, la situación no es menos preocupante. La polarización política y la creciente influencia de las redes sociales han generado un ambiente donde la libertad de expresión está en riesgo. La censura y la autocensura se han convertido en prácticas comunes, y la capacidad de los medios para cuestionar al poder se ve limitada por intereses económicos y políticos.
Los “Nixon” actuales cuentan con herramientas sofisticadas para controlar la narrativa. El populismo, la oficialización de la mentira y la falta de escrúpulos han permitido que los gobernantes restrinjan las libertades con la excusa de evitar males mayores. La democracia se ve amenazada cuando la prensa pierde su independencia y se convierte en un instrumento del poder.
Es esencial recordar que una prensa libre es fundamental para el funcionamiento de una democracia. La historia demuestra que cuando alguien quiere socavar una democracia, comienza por neutralizar a los medios. Es responsabilidad de todos proteger la libertad de prensa y garantizar que los periodistas puedan ejercer su labor sin temor a represalias.

