Una de las viñetas que contiene el libro que estoy escribiendo acerca del Museo de Paleontología Historia Hermanos Fierro Chavarría,espacio científico y lúdico que tanta identidad le ha dado a Delicias,a la región,a Chihuahua,a México.La idea es presentarlo durante el próximo festival de la fundación,con el auspicio de la Presidencia Municipal y la Universidad Autónoma de Chihuahua.
Por Carlos GALLEGOS PÉREZ
LA CARCAJADA DE SATÀN
DELICIAS CHIH.- De las muchas excursiones que hizo Rodolfo Fierro al desierto de Ojinaga en busca de fósiles milenarios,hay una que no se le olvida.
Fue un día de mayo espacialmente caluroso.
Como siempre que iba a viajar hacia allá, procuró madrugar,saliendo de Delicias muy temprano, mucho antes de la sexta campanada del Reloj Público,su despertador particular.
De esta suerte,antes de las siete ya iba entrando a Aldama.
Partió tan temprano porque desde la noche anterior había sentido una corazonada que le robó la calma y no lo dejó dormir.
Así que mejor se levantó y partió.
Durante todo el camino sintió una vaga inquietud,como si algo a alguien lo siguiera,como si una sombra negra lo amenazara,como si un ente maligno fuera a su lado.
— Son malos pensamientos míos — se dio valor.Ni satàn ha de impedir que vaya y venga muy agusto.
Tenía pensado incursionar en un rumbo de una amplia región donde nunca había estado: Cuchillo Parado.
Le latía la posibilidad de que encontraría algo muy bueno para la colección que estaba formando, pero más que eso,le atraía el aura que rodeaba el nombre de la pequeña población que veía en los mapas: el lugar donde había iniciado la Revolución Mexicana.
Si además de acercarse a la historia encontraba un santuario de fósiles,tanto mejor.
Así que hacia allá se dirigió.
No llevaba más de dos kilómetros recorridos,avanzando sobre el polvoso bordo,solitario y seco que conduce al histórico poblado,cuando vio aclarado el misterio de su mal pàlpito:la cegadora luz del día lo encandiló,el reverbero del sol que subía del lado de Coahuila semejando la explosión de una bomba atómica,anunciaba una jornada especialmente caliente.
Ahí estaba la razón de su corazonada: una excursión como ninguna,y vaya que llevaba años visitando la región,soportando temperaturas infames de hasta más de 55 grados.
— El infierno en la tierra— musitó ya con la boca seca.
—Satán,infierno,bomba atómica— dijo con voz rasposa y temerosa.
De súbito le entró un pavor mayúsculo,como nunca había sentido.
En silencio le dio gracias a Dios de que fuera sólo para que nadie viera el temblor de manos que lo atacó,el sudor helado a lo largo de la rabadilla,los pelos de la nuca erizados.
Aterrorizado,mudo de espanto,detuvo la camioneta con un frenón bárbaro,dio violenta vuelta en u derrapando en el terregal, enfiló a más de 150 hacia Aldama,maniobrando frenéticamente con manos y pies,con los desorbitados ojos fijos en el espejo retrovisor.
Cuando entroncó con la carretera, encendió la radio para serenarse un poco escuchando una rola cristiana.

Pero no obstante el alto volumen y la melodiosa voz de Silvia Chávez cantando el Alfarero, nada le quitaría, hasta la fecha, la certeza de que sobre la voz de Silvia escuchaba la burlesca carcajada de satán,tan cercana como si lo llevara de copiloto.
Llegó a Delicias lívido,con las quijadas trabadas,pidiendo medio litro de té de tila con piquete.



