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martes, febrero 17, 2026

Nostalgia Urbana: Chihuahua se cimbra en elecciones de los 80

Por: Oscar A. VIRAMONTES OLIVAS

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CHIHUAHUA CHIH.– Una de las épocas que no se olvidarán en la vida política del estado de Chihuahua y del país, son los acontecimientos vividos en nuestra entidad en materia electoral durante los años ochenta, y que, representaron una especie de laboratorio en esta materia, que trajo como saldo que las aguas se violentaran, tanto que se formara un fuerte “tsunami” que, golpearía a todas las esferas del poder, y además, de la vida social, académica, religiosa, económica de este terruño norteño. Es por ello que, Crónicas Urbanas de Chihuahua, realizará un recorrido por ese mundo de turbulencia que generó una serie de cambios que trastocaron la estabilidad de nuestra sociedad chihuahuense.

 

Se avecinaba el proceso electoral a nivel nacional, y la maquinaria de todos los partidos políticos se estaba aceitando para dar la batalla buscando lograr la victoria y alcanzar las posiciones necesarias con el fin, de obtener la fuerza para conseguir la suficiente representatividad dentro del escenario nacional. Sí, las elecciones de los años ochenta, no serían de tipo ordinario, sino que iban más allá, ya que, ante la dificultar que tenía el Partido Acción Nacional (PAN) por posicionarse en el contexto político, debido a que siempre había argumentado que el grupo político de “enfrente”, estaba frenando el avance de los azules. Hay que recordar que, cuando se inicia la década de los ochenta, propiamente en las elecciones de 1983, sería en su momento, el tema en todos los medios de comunicación, tanto nacional como internacionalmente, particularmente durante el mes de julio cuando se renovarían los 67 municipios del estado de Chihuahua, junto al congreso del estado y finalmente la gubernatura.

También, quienes compartían las mismas preocupaciones eran las autoridades y la sociedad en su conjunto de los estados de Baja California, Zacatecas, Campeche, Durango y Michoacán, sin embargo, el impacto que generaba las elecciones del estado de Chihuahua, no tenían comparación, y aún más, no existía ningún registro relacionado con procesos que estaban dejando, sin duda, “dolor y sangre” para los participantes y el electorado que, estaba más activo que nunca. En ese entonces que para muchos fue bautizado como el “verano caliente de 1983”, los ánimos crecían como levadura sin control entre dos grandes fuerzas políticas: PRI y PAN, donde el último, después de décadas de estar insistiendo por llegar al poder, y el otro, acusado del manipuleo de las elecciones, junto a la guerra de declaraciones y de números que representaban el común denominador en todos los medios de comunicación, ya que, en las elecciones para renovación las alcaldías en 1983, el partido en el poder (PRI), había sufrido algunos importantes reveses desde tres años atrás en 1980, a diferencia, cuando el PRI había obtenido importantes resultados en elecciones anteriores que llegaron casi al 77% de la votación, mientras que entrando la década de los ochentas, la levadura tricolor se había desinflado, cayendo hasta 48%, y debido a esa caída tan importante y estrepitosa, la oposición de los azules, sabría aprovechar esa debilidad para crecer de 16% hasta el 45%.

La situación era preocupante para los tricolores que, invocaban al “centro” para mejorar ese revés. El escenario se veía candente, cuando por todas las calles de las principales ciudades del estado de Chihuahua, salían una infinidad de grupos políticos y sociales para ondear sus banderas y lanzarse acusaciones unos y otros e incluso, llegando en muchas situaciones a los golpes, simplemente porque las pasiones empezaron a subir de nivel, ya que, cuando se habían organizado las elecciones del 83, sin duda los priistas iban alcanzar una mayoría en cuanto a la obtención de alcaldías que en ese momento habían sumado 57. Era un aparente carro completo, pero lo que había sucedido en esto, es que las principales ciudad del estado de Chihuahua, las había ganado la oposición. Además de este saldo, las 14 diputaciones locales, donde el PRI mantendría una relativa supremacía, al lograr conseguir nueve de ellas. En todo este “botín” político, a los blanquiazules solo les quedaba el gusto, pues habían ganado tan solo cuatro diputaciones y claro, las principales presidencias como: Chihuahua, Juárez, Delicias, Camargo entre otras, municipios que concentraban más del 60% del electorado en el Estado.

Lo anterior, tan solo en 1983, sin embargo, otro de esos años electorales de gran envergadura, sería 1985, importante laboratorio nacional, ya que, Chihuahua seguía apareciendo desde 1980, como una de las regiones altamente peligrosas para el sistema priista, ya que los electores voltearían la espalda de un partido que se había perpetuado en el poder y el PAN, aprovechando su ingeniosa mercadotecnia electoral, avanzarían, dándole “salpullido”, hasta al mismísimo líder de la CTM, el sexagenario Fidel Velázquez, no quedándole atrás el presidente de la República ese entonces, Miguel de la Madrid Hurtado. En esta época política tenebrosa en México y Chihuahua, el tricolor lograba un sensible aumento y el PAN, se mantendría casi igual. Este tremendo temblor donde los azules no repuntaron como había sido dos años atrás y el análisis nacional y local, argumentaban que la situación electoral en el Estado sería aún más difícil que el de 1983 por el diluvio que se avizoraban en la Universidad Autónoma de Chihuahua.

A nivel nacional, se escuchaba una lamentable y triste notica, cuando el 19 de septiembre de 1985, un gran terremoto se producía en la Ciudad de México, y miles de personas serían perjudicadas y afectadas por este fenómeno que la madre naturaleza con todo su poder, advertiría al ser humano de la magnitud a la que era capaz. Sin embargo, en otra latitud más hacia el norte de ese terrible acontecimiento, sucedía otro movimiento telúrico, pero este no por el reacomodo de las capas tectónicas del subsuelo, sino por el tema político en Chihuahua. En la escena, aparecía el licenciado Oscar Ornelas K, quien tenía un antecedente brillante, rector de la Universidad de Chihuahua y dentro de sus logros habría de darle a la Universidad, su autonomía en 1968 para convertirse en la Universidad Autónoma de Chihuahua, así mismo, fundador de los colegios de Bachilleres y gobernador durante el caldero político de principios de los ochenta.

La gobernatura del licenciado Ornelas al frente del Estado más grande de la República y ante el cúmulo de situaciones que se estaban generando en toda la geografía estatal, no sólo en la parte electoral, sino en la Universidad Autónoma de Chihuahua, produjo en él un verdadero dilema, ya que las presiones del gobierno central para que se buscara favorecer al partido oficial en las elecciones, fuere con los resultados que fuere, cuando en la realidad las tendencias iban en contra de su partido (PRI) en algunos cargos de representación popular. Para 1985, el mismo Ornelas presentaba ante el Congreso, varias iniciativas de reforma de tipo electoral, donde se proponía la acreditación de la residencia de los funcionarios de casilla por los últimos seis meses, y que, sólo fueran tres. Esto y en tiempo electoral, generó una inconformidad generalizada de los partidos políticos, y dentro de la misma sala parlamentaria, donde la oposición no aceptaría, disponiéndose a organizar manifestaciones multitudinarias en diferentes ciudades del estado de Chihuahua, como mensaje de desaprobación. Por ello, el licenciado Oscar Ornelas ante este “terremoto”, pediría al Congreso local, licencia por tiempo indefinido para dejar su cargo, dejando inconcluso su periodo como gobernador, debido sobre todo a un cúmulo de problemas políticos que habían comenzaron en las elecciones de 1983, cuando había reconocido los triunfos de los candidatos del Partido Acción Nacional en las principales alcaldías del estado, destacando a Luis H. Álvarez en Chihuahua y Francisco Barrio Terrazas en Ciudad Juárez.

En 1985, brotaría un conflicto por la elección del rector de la Universidad Autónoma de Chihuahua, generándose una confrontación política que fue utilizada para hacerlo caer de la gubernatura en previsión de las elecciones para gobernador del siguiente año (1986). Uno de los principales opositores a él, fue el líder de la Confederación de Trabajadores de México, Fidel Velázquez, perdiendo el apoyo de su partido, y por orden del presidente Miguel de la Madrid, renunciaría Ornelas al gobierno del estado el 19 de septiembre de 1985, quien se retiraría a la vida privada. Creo que la historia ha juzgado al licenciado Ornelas, pero desde mi punto de vista, él, saldría con las manos limpias, pulcro, como hombre que defendería a todo momento la verdad, aún y con todo lo que en ese momento estaba en juego. Ornelas, sería sustituido por el licenciado Saúl González Herrera, quien había ocupado el cargo de tesorero general en la entidad, en la misma administración de don Oscar Ornelas K…Esta crónica continuará.

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Fuentes:

Hemeroteca del Heraldo de Chihuahua, 1980 a 1986.

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