Por Oscar VIRAMONTES
CHIHUAHUA CHIH.- Diego Lucero Martínez, nació el 22 de septiembre de 1943 en la ciudad de Chihuahua, hijo de Lázaro Lucero, creció en una familia trabajadora en una época marcada por la lucha agraria en México, desde niño, fue testigo de las injusticias en el campo y de los reclamos de los campesinos, hechos que, moldearon su conciencia política, cursando la primaria en varias entidades, incluidas Sinaloa, Puebla y Durango hasta regresar a su natal Chihuahua, donde completó la secundaria y la preparatoria; después, estudiaría la carrera de Ingeniería Civil en la Universidad Autónoma de Chihuahua, como estudiante, mostró gran carácter, llegando a presidir la Sociedad de alumnos de la Facultad de Ingeniería, siendo uno de los principales líderes de una huelga estudiantil que exigía reformas al estatuto universitario, y mayor presupuesto para apoyar a jóvenes de bajos recursos
Por esas actividades, recibió pronto la atención de la policía política de la época, la Dirección Federal de Seguridad (DFS), al quedar registrados sus primeros expedientes de seguridad por su activismo. La formación ideológica de Lucero, estuvo muy ligada al movimiento social campesino y estudiantil de los años 60. A mediados de la década, México viviría una convulsión social, y en Chihuahua se agudizarían los conflictos agrarios, surgiendo grupos guerrilleros rurales, vinculándose a Diego con ese ambiente revolucionario, así, los historiadores recuerdan que en 1963, empezaría a participar en movilizaciones agrarias y para 1965, se unió al grupo de apoyo a la guerrilla que atacó el cuartel militar de Ciudad Madera.

Por esas actividades, recibió pronto la atención de la policía política de la época, la Dirección Federal de Seguridad (DFS), al quedar registrados sus primeros expedientes de seguridad por su activismo. La formación ideológica de Lucero, estuvo muy ligada al movimiento social campesino y estudiantil de los años 60. A mediados de la década, México viviría una convulsión social, y en Chihuahua se agudizarían los conflictos agrarios, surgiendo grupos guerrilleros rurales, vinculándose a Diego con ese ambiente revolucionario, así, los historiadores recuerdan que en 1963, empezaría a participar en movilizaciones agrarias y para 1965, se unió al grupo de apoyo a la guerrilla que atacó el cuartel militar de Ciudad Madera.
Unos meses después, en diciembre de 1965, asistió a la reunión de sobrevivientes en la Ciudad de México, hito que marcó el inicio de un largo trayecto en la lucha revolucionaria que, con el tiempo, se entrevistaría con líderes como el doctor Pablo Gómez y el profesor Arturo Gámiz, pilares de un núcleo guerrillero rural en Chihuahua, llegando a colaborar con ellos. Sin embargo, responsabilidades familiares lo alejaron momentáneamente, pues su madre cayó enferma, y él tuvo que cuidar de su salud, lo que, lo obligó a distanciarse de la guerrilla rural. De regreso a la vida académica, Diego trabajó dando clases de matemáticas en la preparatoria de la Universidad y en los primeros semestres de Ingeniería. Su compromiso social era constante, apoyaba a las colonias pobres de la ciudad con sus conocimientos de ingeniero civil, construyendo aulas y trayendo agua potable. Sin embargo, por sus ideas de izquierda, le revocaron el empleo universitario y recibió advertencias de que nunca recuperaría trabajo en Chihuahua.
Herido pero imparable, Lucero tomó una decisión arriesgada dejando la Universidad, y con sus cuatro hijos, se trasladó primero brevemente a Minatitlán (Veracruz), y luego se radicó en la Ciudad de México. Su meta era clara, desde la capital intentaría articular todos los grupos guerrilleros aislados del país en una sola estrategia revolucionaria. En la Ciudad de México, Diego Lucero fundó y dirigió un grupo guerrillero urbano compuesto sobre todo por estudiantes de ingeniería, muchos de ellos supervivientes de la masacre de Tlatelolco de 1968. El propio movimiento lo llamó inicialmente “Grupo N” o “Núcleo Central”, aunque pronto otros grupos lo apodaron “Los Ingenieros” por el perfil de sus militantes. Lucio Cabañas, líder de la guerrilla rural de Guerrero, renombraría a los jóvenes urbanos como “Los Guajiros”, en reconocimiento a su origen campesino e ideología revolucionaria
Diego buscaba unificar la lucha rural con la urbana, su sueño, era que los guerrilleros de las montañas y los estudiantes de la ciudad, actuaran codo a codo contra el régimen prisita. Su grupo, mantuvo estrechas relaciones con la Brigada Campesina de Ajusticiamiento de Cabañas, y con el Partido de los Pobres, sirviendo de principal proveedor de armas y abastecimientos al esfuerzo guerrillero rural. Entre 1970 y 1971, lidereo varias expropiaciones (asaltos) a bancos y negocios en distintas partes del país, Ciudad de México, Guadalajara, Tijuana, Morelos, entre otros. Estos operativos, procuraban fondos revolucionarios para armar al Partido de los Pobres, al mismo tiempo, intercambiaba cuadros con otros grupos urbanos como el MAR o Los Procesos, para que los militantes de la zona urbana se impregnaran de la experiencia de la guerrilla del campo y viceversa. Para Diego Lucero, sin embargo, la lucha no debía desligarse nunca del pueblo, con visión crítica incluso, retrasó la creación de la Liga Comunista 23 de Septiembre, argumentando que los grupos se estaban desconectando de la base popular, y que faltaba más estudio y formación política en las nuevas células izquierdistas.
A fines de 1971, Diego regresó clandestinamente a Chihuahua, decidido a abrir un nuevo frente guerrillero en su estado natal para apoyar con recursos a los guerrilleros de Cabañas. En los primeros días de 1972, se reunió con jóvenes universitarios, entre ellos, Avelina Gallegos, normalista de 24 años, diseñando un plan audaz y fue así, que, el 15 de enero a las 9:30 de la mañana, llevarían a cabo un asalto simultáneo a tres sucursales bancarias en la ciudad de Chihuahua. El objetivo, “expropiar” cerca de 300 mil pesos para financiar la guerrilla. Para la mañana del asalto, los chihuahuenses vivieron momentos de pánico y confusión, personal del banco y transeúntes, fueron expulsados cautelosamente de los alrededores, mientras sonaban sirenas de patrullas. Bajo fuego, el comando de catorce guerrilleros irrumpió en los bancos. El asalto en la sucursal del centro, conocida como Futurama, casi sale perfecto; el otro comando de Francisco Javier Pizarro, consiguió escapar con el botín. Pero en la sucursal “Chuvíscar” del Banco de Comercio, ocurrió la tragedia, las fuerzas policiales repelieron el golpe, y en el tiroteo fueron abatidos la propia Avelina Gallegos (Natalia) y el guerrillero Mario Pérez (Óscar).
Los demás asaltantes, dispersaron el dinero robado y huyeron, algunos, como Gaspar Trujillo y Héctor Lucero, no emparentado con Diego, caminaron semanas enteras por la vía del tren antes de ser detenidos. Otros, incluido el profesor Adolfo Anchondo, se refugiaron en casas seguras y al caer la noche, Diego Lucero y su compañero Pizarro, se ocultaron en la casa de Anchondo, habían cumplido con parte de su misión, pero el cerco policíaco comenzaría a cerrarse rápidamente. Al día siguiente, el domingo 16 de enero, Lucero y Pizarro intentaron retirarse hacia la Ciudad de México, donde tenían planeado reagruparse, sin embargo, la policía los estaba esperando y según la reconstrucción histórica de La Jornada, Lucero no alcanzó siquiera a abordar el autobús, fue interceptado en Chihuahua antes de llegar a la terminal, siendo detenido por agentes de la Policía Judicial Estatal y entregado a la Dirección Federal de Seguridad para ser interrogado.
El propio reportaje de “Sin Embargo” relata que “el 15 de enero de 1972, Diego fue detenido en Chihuahua por integrantes de la policía judicial estatal e interrogado por agentes de la DFS, la policía política del régimen. En las mazmorras de la policía política, Diego, sería sometido a brutales interrogatorios, aunque a viva voz, las autoridades pregonaron una versión engañosa, donde decían que Lucero había caído en un tiroteo, existiendo testimonios que contradecían esa historia oficial. Al comando policial, se le encargó demostrar que se trataba de un enfrentamiento, pero testigos vieron que el guerrillero sería mantenido con vida tras su detención. De hecho, Marco Rascón, otro capturado, declararía que vio a Lucero “con vida” en los separos. Sin embargo, las torturas cobraron su tributo y por orden del gobernador Óscar Flores Sánchez, esa misma noche del domingo 16 de enero, Diego fue ejecutado extrajudicialmente.
Los reportes posteriores y la “Comisión de la Verdad” del gobierno, demostrarían que las autoridades habían planeado un “ajuste de cuentas”, más allá de cualquier proceso legal, el acto final, se cumpliría con cinismo represor, pues se relata que, durante la madrugada, el procurador Antonio Quezada Fornelli, regresaba enfurecido a los detenidos, acusando a un supuesto “asaltante” de haber intentado matar a un agente. A la mañana siguiente, la prensa local divulgó que el guerrillero abatido, era Diego Lucero y la versión oficial, hablaba de un enfrentamiento, pero se supo luego que, aquella bala que le atravesó la espalda no encontró oposición alguna. Un periódico chihuahuense resumió la escena: “En la madrugada, se abrió la puerta de la celda… en la mañana, se enteró de que el ‘asaltante’ ejecutado era Diego Lucero”. A sus 28 años de edad, el idealismo de Lucero terminaba de manera trágica y criminal.
Su vida pública, breve pero intensa, fue barrida por la “guerra sucia” oficial, pero su imagen sigue siendo digna, pura y dignificante para quienes en Chihuahua y en todo México lo recuerdan. Como dicen sus seguidores, “lo que él pensaba, lo decía y lo que decía lo hacía”. ¡Descanse en paz!



