Comunicar y habitar el espacio público: ciudad, arte, feminismo y resistencia

Una calle no se vuelve pública únicamente porque cualquiera pueda transitarla. Para que un espacio sea verdaderamente habitado necesita vínculos, memoria, significado y posibilidades de participación.

El libro colectivo Comunicar y habitar el espacio público: transformaciones históricas, expresiones artísticas y confrontaciones políticas estudia cómo las personas hacen propios los lugares físicos y digitales mediante prácticas comunicativas, afectivas, artísticas y políticas.

Coordinada por Mario Alberto Zaragoza Ramírez y publicada por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la obra reúne diez capítulos sobre apropiación urbana, arte, protestas feministas, activismo digital, medios, migración, símbolos políticos y museos durante la pandemia.

El espacio público es físico y simbólico

La propuesta central del libro consiste en ampliar la forma en que entendemos el espacio público.

Una plaza, una calle, un parque o un edificio gubernamental tienen una dimensión material, pero también están compuestos por recuerdos, discursos, conflictos y representaciones.

Las personas no habitan un lugar solo al ocuparlo físicamente. Lo hacen cuando desarrollan pertenencia, reconocen significados compartidos y participan en la construcción de sus usos.

El espacio público puede entenderse, por tanto, como una relación en permanente construcción. En él conviven intereses, identidades y desigualdades que determinan quién puede hablar, circular, protestar o sentirse seguro.

Apropiarse no es privatizar

El primer capítulo, escrito por Mario A. Zaragoza Ramírez, propone estudiar la apropiación desde la diferencia.

Apropiarse de un espacio público no significa convertirlo en propiedad privada. Implica reconocerlo como parte de la vida cotidiana y desarrollar una relación significativa con él.

Un barrio puede volverse propio mediante la memoria; una plaza, por las reuniones que alberga; una pared, por el arte urbano; y una avenida, por las marchas que modifican temporalmente su sentido.

Sin embargo, estas apropiaciones no ocurren en condiciones iguales. La desigualdad económica, política, de género y comunicativa condiciona quién puede hacerse visible y quién permanece al margen.

El arte como metanarrativa urbana

Natalia Pérez Bobadilla analiza la ciudad como escenario de representaciones capaces de hablar sobre la propia vida urbana.

Las intervenciones artísticas crean lo que la autora denomina una metanarrativa urbana: obras instaladas en la ciudad que modifican la lectura del entorno y obligan a observar lo cotidiano desde otra perspectiva.

El arte público no se limita a decorar. Puede revelar contradicciones, producir encuentros y transformar temporalmente los usos de un lugar.

Las obras se convierten así en heterotopías: espacios dentro del espacio que cuestionan las reglas dominantes y permiten imaginar otras formas de convivencia.

Los afectos también construyen lugares

Maximiliano Zamora Torres dedica un capítulo al espacio afectivo.

Las ciudades suelen analizarse mediante infraestructura, movilidad y funciones económicas. Pero la experiencia urbana también está formada por emociones.

La seguridad, el miedo, la nostalgia, el duelo o la alegría modifican la manera en que una persona recorre un lugar. Dos individuos pueden ocupar la misma calle y vivir experiencias completamente distintas.

Reconocer esta dimensión afectiva permite entender por qué ciertos espacios generan identidad y otros producen exclusión.

El movimiento feminista interviene la ciudad

Abril Reyna García estudia las movilizaciones feministas en el espacio público de la Ciudad de México.

Las marchas, pintas, consignas, monumentas e intervenciones corporales alteran temporalmente el orden urbano y disputan la narrativa de quién tiene derecho a ocupar la ciudad.

El cuerpo funciona como territorio político. La presencia colectiva hace visibles experiencias de violencia que suelen permanecer confinadas al ámbito privado.

Estas intervenciones también generan controversias sobre patrimonio, legalidad y uso de monumentos. El libro propone observarlas no únicamente como daños materiales, sino como actos comunicativos dentro de una disputa por la memoria y la justicia.

Habitar los espacios digitales

Luz María Garay Cruz extiende el análisis hacia internet y las acciones colectivas feministas.

Las plataformas digitales no son espacios separados de la vida urbana. Permiten organizar marchas, documentar agresiones, compartir redes de apoyo y construir comunidades.

La cultura participativa, el activismo y las prácticas de apropiación tecnológica convierten redes y etiquetas en espacios públicos virtuales.

Pero estos entornos también están controlados por empresas, algoritmos y reglas privadas. Habitar internet implica entonces disputar visibilidad dentro de infraestructuras que no pertenecen a sus usuarios.

Resistencias políticas en la vida cotidiana

Alberto Paredes Zúñiga analiza las resistencias políticas dentro del espacio virtual y su relación con las prácticas cotidianas.

Las plataformas pueden reforzar individualismo, consumo y alienación, pero también facilitan acciones colectivas.

La resistencia no siempre aparece como una gran movilización. Puede surgir en conversaciones, comunidades digitales, producción de contenidos y reinterpretación de mensajes dominantes.

La etnografía digital permite observar cómo las personas desarrollan hábitos y formas de participación política dentro de espacios mediados por tecnología.

Quién controla la ciudad mediática

Francisco J. Vidal-Bonifaz estudia la estructura y control de los medios de comunicación en la zona metropolitana de la Ciudad de México.

El espacio público no está compuesto únicamente por calles y edificios. También incluye medios capaces de definir qué asuntos reciben atención y qué voces permanecen invisibles.

La propiedad y concentración mediática influyen en la construcción de la agenda pública. Quien controla los canales de difusión tiene una capacidad privilegiada para organizar la narrativa de la ciudad.

Este análisis conecta la dimensión urbana con la economía política de la comunicación.

Palacio Nacional como símbolo político

Juan Esteban Cuevas Delgado examina la construcción simbólica de Palacio Nacional como núcleo geopolítico de México.

Los edificios gubernamentales no son simples contenedores administrativos. Su arquitectura, ubicación, historia y uso comunicativo producen representaciones de autoridad.

Durante la llamada Cuarta Transformación, Palacio Nacional recuperó centralidad como escenario cotidiano del mensaje presidencial.

El edificio se convirtió simultáneamente en sede de gobierno, fondo visual, símbolo histórico y espacio de disputa política.

¿Quién pertenece a las ciudades?

Gisselle Yuritzi Pérez Rodríguez estudia la relación de las personas migrantes con el espacio urbano.

Las ciudades concentran oportunidades, pero también fronteras visibles e invisibles. Documentos, vivienda, discriminación y acceso a servicios condicionan la posibilidad de desarrollar pertenencia.

La migración obliga a preguntar quién tiene derecho a ocupar, recorrer y transformar una ciudad.

Las personas migrantes atraviesan espacios, pero también son atravesadas por regulaciones, prejuicios y estructuras que determinan sus trayectorias.

Museos y espacio público durante la pandemia

Karen Itzel Cortés Cruz cierra el libro con un estudio sobre la iniciativa #ContigoALaDistancia y la transformación de los museos durante la emergencia sanitaria.

El cierre físico obligó a trasladar exposiciones, actividades y vínculos con las audiencias hacia internet.

Los museos debieron replantear qué significa acceso público cuando los edificios permanecen cerrados. Las etiquetas, recorridos virtuales y contenidos digitales funcionaron como formas de presencia institucional.

La experiencia mostró que lo virtual puede ampliar el alcance, pero también reproduce brechas de conectividad, habilidades y disponibilidad tecnológica.

Tres rutas para comprender el espacio público

La obra está organizada en tres grandes secciones:

  1. Apropiación y teoría del espacio público: diferencia, arte urbano y afectos.
  2. Política y disputa: protestas feministas, activismo digital y resistencias.
  3. Estudios de caso: medios de comunicación, Palacio Nacional, migración y museos.

Los capítulos coinciden en que la apropiación espacial es un hecho político y comunicativo.

Recuperar no basta

Muchos proyectos gubernamentales hablan de “recuperar” el espacio público mediante iluminación, limpieza, mobiliario o vigilancia.

Estas intervenciones pueden mejorar condiciones materiales, pero no garantizan apropiación social.

Un parque rehabilitado que no responde a las necesidades de sus habitantes puede permanecer vacío. Una plaza vigilada de forma excesiva puede expulsar precisamente a las comunidades que pretendía beneficiar.

La comunicación no debería añadirse al final como una campaña informativa. Debe formar parte del diseño para comprender usos, conflictos, memorias y significados.

Conflicto no significa fracaso

El libro evita presentar el espacio público como un lugar de armonía automática.

Las ciudades contienen ruido, violencia, desigualdades y disputas. El conflicto forma parte de la convivencia entre personas con intereses distintos.

Lo importante es que esas diferencias puedan expresarse, negociarse y convertirse en acción colectiva sin que un grupo imponga por completo su narrativa.

Las protestas, expresiones artísticas y movimientos urbanos muestran que el espacio público está vivo precisamente porque puede ser cuestionado.

Habitar es producir significado

Comunicar y habitar el espacio público invita a mirar las ciudades más allá de su infraestructura.

Una calle se hace habitable cuando sus habitantes pueden reconocerla, transformarla y dotarla de significado. Una plataforma se vuelve espacio público cuando permite construir comunidad, aunque sus reglas y propiedad privada impongan límites.

Arte, protesta, memoria, medios y afectos son formas de comunicación que producen lugares.

El derecho a la ciudad no consiste solamente en acceder a servicios. Incluye la posibilidad de participar en la definición de lo común.


Ficha bibliográfica: Mario Alberto Zaragoza Ramírez (coord.), Comunicar y habitar el espacio público: transformaciones históricas, expresiones artísticas y confrontaciones políticas, Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, primera edición, 2022. ISBN 978-607-30-6833-8.

Fuente compartida: Gerardo Albarrán de Alba / Sala de Prensa en X.

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