Periodismo de resistencia: Confidencial y Esta Semana sobreviven desde el exilio

El periodismo independiente de Nicaragua continúa informando desde el exilio, después de años de cierres, confiscaciones, vigilancia y persecución. En su columna “Un periodismo de resistencia”, el escritor Sergio Ramírez reconstruye la historia de Confidencial y Esta Semana, dos medios que pasaron de acompañar las esperanzas democráticas de la década de 1990 a trabajar fuera del país y con fuentes que operan bajo riesgo.

El texto, publicado originalmente en El Tiempo, presenta a estos proyectos como parte de una diáspora periodística que se niega a abandonar la investigación y la libertad de expresión, incluso cuando sus redacciones físicas han sido ocupadas y sus integrantes obligados a salir de Nicaragua.

Un medio nacido durante la apertura democrática

Confidencial apareció en 1996, cuando Nicaragua intentaba consolidar la alternancia presidencial y la independencia de los poderes públicos. Un año antes había comenzado Esta Semana, programa de televisión impulsado por el periodista Carlos Fernando Chamorro.

Según recuerda Ramírez, la intención era construir una alternativa informativa profesional, independiente de partidos y capaz de convertir las diferencias políticas en debate público, no en enfrentamiento.

El contexto, sin embargo, empezó a deteriorarse. Las elecciones de 1996 fueron ganadas por Arnoldo Alemán. La columna señala que el posterior acuerdo político entre Alemán y Daniel Ortega alteró las reglas electorales y facilitó el regreso de Ortega al poder en 2006, mientras garantizaba protección política al expresidente liberal.

La presión sobre los medios independientes

Mantener espacios críticos en canales comerciales ya era difícil antes del retorno de Ortega. La publicidad podía convertirse en un instrumento de presión y los concesionarios temían transmitir contenidos capaces de incomodar al gobierno.

La situación se volvió más hostil después de 2006, cuando Daniel Ortega y Rosario Murillo regresaron al poder. Ramírez describe un proceso gradual de concentración mediática y ofensiva contra voces independientes.

En su recuento, actualmente los canales de televisión están bajo control estatal o de la familia gobernante, situación que también alcanza a buena parte de la radio. La prensa escrita desapareció y más de 300 periodistas nicaragüenses han salido al exilio.

Estas cifras y caracterizaciones corresponden a la columna de Sergio Ramírez y reflejan su diagnóstico sobre el estado de la libertad de prensa en Nicaragua.

Los asaltos contra Confidencial

Confidencial quedó en el centro de la confrontación. En diciembre de 2018, durante la represión de las protestas sociales, fuerzas policiales ocuparon sus oficinas. Las instalaciones fueron posteriormente confiscadas.

Carlos Fernando Chamorro y varios integrantes de la redacción salieron del país. El periodista regresó para reorganizar el medio, pero en 2021 las autoridades volvieron a entrar en sus oficinas. El proyecto terminó operando desde el exilio.

Esta Semana también migró a una distribución digital fuera de Nicaragua. Ambos medios siguen dependiendo de redes de reporteros y fuentes, incluidas personas que permanecen dentro del país y trabajan bajo condiciones de clandestinidad.

Las redacciones sin territorio

La experiencia nicaragüense muestra una transformación profunda: un medio puede perder su edificio, sus equipos y su acceso a frecuencias de radio o televisión, pero continuar publicando a través de plataformas digitales.

Ese modelo permite sobrevivir, aunque crea nuevos riesgos. Los periodistas en el exterior enfrentan problemas de financiamiento, seguridad digital, protección de fuentes y distancia física. Quienes colaboran desde Nicaragua pueden exponerse a vigilancia, detención o represalias contra sus familias.

La tecnología, en este escenario, es una herramienta de resistencia. Pero no elimina el costo humano de informar sin garantías legales ni instituciones capaces de proteger la libertad de expresión.

Una tradición marcada por la persecución

Ramírez vincula el presente con la memoria de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, director de La Prensa y opositor a la dictadura de Anastasio Somoza. Su asesinato en 1978 se convirtió en uno de los hechos que aceleraron la caída del régimen somocista.

La referencia subraya una continuidad histórica: en Nicaragua, la disputa por la palabra pública ha acompañado a distintas formas de autoritarismo. Los medios independientes han sido espacios de denuncia, pero también objetivos de censura y violencia.

Por qué importa el periodismo de resistencia

Cuando el poder controla la mayor parte de los canales de comunicación, el periodismo independiente cumple una función que va más allá de publicar noticias. Conserva archivos, documenta abusos, ofrece versiones distintas a la propaganda oficial y mantiene abiertas conexiones entre quienes permanecen en el país y quienes se encuentran fuera.

También impide que el exilio se convierta en silencio. La continuidad de Confidencial y Esta Semana demuestra que una redacción no depende únicamente de un espacio físico, aunque la pérdida de ese espacio represente un ataque grave.

Sin libertad de palabra, la democracia no puede existir.

La columna de Sergio Ramírez concluye con la expectativa de que Nicaragua recupere un periodismo libre cuando vuelva a funcionar como república. Mientras tanto, la información producida desde el exilio constituye una forma de resistencia civil y de preservación de la memoria.


Texto de referencia: Sergio Ramírez, “Un periodismo de resistencia”, publicado el 15 de julio de 2026 en El Tiempo.

Columna original: leer en El Tiempo.

Fuente compartida: Gerardo Albarrán de Alba / Sala de Prensa en X.

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