Periodistas e influencers: cómo ganar audiencias sin perder independencia ni rigor

Los periodistas ya no compiten únicamente con otros medios. En TikTok, YouTube e Instagram comparten espacio con creadores capaces de explicar una noticia, entrevistar a un presidente o movilizar a millones de personas sin haber pasado por una redacción.

La pregunta dejó de ser si las plataformas transformarán el periodismo. Ya lo hicieron.

El dilema es otro: ¿deben los periodistas adoptar el lenguaje y la relación directa con las audiencias que caracterizan a los influencers?

Una reflexión de Tatiana Escárraga publicada por la Fundación Gabo propone mirar la convergencia sin desprecio y sin ingenuidad.

El periodismo puede aprender síntesis, cercanía, presencia y construcción de comunidad. Pero una cuenta con millones de seguidores no se vuelve periodística solo por hablar de noticias.

De la autoridad del medio a la confianza personal

Durante décadas, la credibilidad de un reportero estuvo vinculada al nombre del periódico, canal o estación para la que trabajaba.

El medio proporcionaba acceso, edición, distribución, respaldo jurídico y una reputación acumulada.

Las plataformas modificaron esa relación.

Una persona puede construir una audiencia propia, publicar sin intermediarios y conservar el vínculo con sus seguidores aunque cambie de empresa.

La marca personal deja de ser un complemento y puede convertirse en la principal vía de distribución.

Esto ofrece autonomía, pero también concentra riesgos. Cuando toda la confianza descansa en una figura, la revisión editorial puede parecer un obstáculo y la popularidad puede confundirse con evidencia.

La información se mudó a las plataformas

Escárraga cita el Digital News Report 2025 del Reuters Institute y la Universidad de Oxford, basado en información de 48 mercados.

Según los datos globales recogidos en el artículo:

  • 36% utiliza Facebook semanalmente para informarse;
  • 30% recurre a YouTube;
  • Instagram y WhatsApp alcanzan 19% cada uno;
  • TikTok llega a 16%;
  • X registra 12%.

Seis plataformas superan así el 10% de alcance semanal, cuando una década antes solo dos lo conseguían.

El consumo de video informativo en redes también habría pasado de 52% en 2020 a 65% en 2025.

Las cifras no significan que todas las personas hayan abandonado los medios. Muestran que la ruta hacia la información es cada vez más fragmentada y depende de intermediarios tecnológicos.

La ventaja del creador

Los influencers suelen dominar habilidades que muchas redacciones han tardado en valorar:

  • hablar con un lenguaje reconocible para una comunidad concreta;
  • captar atención desde los primeros segundos;
  • resumir asuntos complejos;
  • adaptar una historia al formato de cada plataforma;
  • responder directamente a la audiencia;
  • mostrar una personalidad consistente;
  • publicar con rapidez y frecuencia.

Su relación con el público puede ser más cercana que la de una institución.

Una explicación sencilla frente a cámara a veces logra más impacto que un texto riguroso escondido detrás de una portada confusa o de una experiencia digital lenta.

El periodismo no debería interpretar esa diferencia como prueba de que la audiencia rechaza la información. Puede estar rechazando la manera en que se le presenta.

Lo que una audiencia grande no garantiza

El alcance no demuestra rigor.

Una persona puede comunicar con enorme eficacia y, al mismo tiempo, desconocer cómo contrastar una afirmación, proteger una fuente o distinguir información de propaganda.

El artículo de la Fundación Gabo advierte que algunos creadores son utilizados por políticos para difundir mensajes sin preguntas difíciles.

La entrevista se convierte entonces en acceso promocional.

La cercanía con el personaje produce vistas, pero no necesariamente rendición de cuentas.

El problema no reside en usar un teléfono o publicar en TikTok. Reside en abandonar las obligaciones que hacen reconocible al periodismo.

Dos categorías que conviene distinguir

Project C, un centro dedicado a proyectos periodísticos sostenibles, incorporó en 2025 dos categorías para describir el nuevo ecosistema:

  • influencers de noticias: personalidades que comentan asuntos públicos desde plataformas y construyen impacto alrededor de su voz y postura;
  • periodistas creadores de contenido: profesionales que producen trabajo original, conservan principios periodísticos y establecen una conexión directa con su comunidad.

La frontera no depende de tener una credencial, trabajar en una empresa o aparecer frente a una cámara.

Depende de prácticas observables: investigar, identificar fuentes, verificar, contextualizar, distinguir hechos de opinión y corregir públicamente.

Los periodistas siempre han influido

Enrique Anarte, periodista español residente en Berlín que cubre noticias globales LGBTQ+, plantea que el periodismo nunca fue incompatible con influir.

Los reporteros seleccionan temas, introducen vocabulario y modifican conversaciones públicas.

Lo nuevo es el formato y el grado de personalización.

Antes, la influencia solía aparecer bajo la identidad institucional del medio. Ahora puede medirse en seguidores, comentarios y vínculos directos con una persona.

La palabra influencer genera incomodidad porque parece colocar la popularidad en el centro. Pero rechazarla no elimina el hecho de que el periodismo busca producir efectos en la vida pública.

No todo periodista debe ponerse frente a una cámara

María F. Fitzgerald, periodista colombiana enfocada en derechos humanos, cuestiona la idea de que exista un único camino.

Hay grandes investigadores, editores, documentalistas, productores de datos y realizadores cuya principal capacidad no consiste en conducir un video vertical.

Obligar a todos a construir una personalidad pública puede debilitar equipos que necesitan habilidades diversas.

La adaptación no exige convertir cada integrante de una redacción en celebridad.

Puede consistir en trabajar de manera colaborativa: una persona investiga, otra verifica, otra diseña y una más presenta.

La firma visible no sustituye la cadena de trabajo que sostiene una pieza.

Saber con quién se habla

María Camila González, cofundadora de Economía para la pípol, señala una debilidad frecuente de los medios: producir sin tener claro quién está al otro lado.

Una estrategia de audiencias no consiste únicamente en consultar métricas después de publicar.

Implica conocer preguntas, niveles de experiencia, hábitos, horarios, formatos preferidos y problemas concretos de una comunidad.

Explicar economía con lenguaje sencillo no significa eliminar complejidad. Significa ordenar la información para que pueda ser utilizada.

La claridad también es una forma de rigor.

El riesgo de obedecer al algoritmo

Escuchar a la audiencia no equivale a entregar la agenda al algoritmo.

Las plataformas premian retención, interacción y frecuencia, no necesariamente relevancia pública.

Un creador periodístico puede sentirse presionado a exagerar títulos, publicar antes de verificar o convertir cada tema en conflicto personal.

La métrica inmediata favorece lo emocional y castiga investigaciones que requieren tiempo.

El desafío consiste en utilizar las herramientas de distribución sin permitir que sus incentivos decidan por completo qué merece cobertura.

La marca personal no elimina la edición

Un periodista independiente puede no tener una redacción tradicional.

Eso no vuelve innecesaria la revisión.

Cuanto más depende un proyecto de una sola figura, mayor es la necesidad de mecanismos externos:

  • lectura previa de piezas delicadas;
  • consulta jurídica cuando exista riesgo;
  • verificación documental;
  • registro de fuentes y enlaces;
  • política pública de correcciones;
  • protocolos de seguridad digital;
  • separación entre contenido editorial y comercial.

La edición no debe verse como una práctica del pasado. Es una defensa contra los puntos ciegos de la marca personal.

Monetizar sin ocultar intereses

Construir una comunidad requiere tiempo y no garantiza ingresos inmediatos.

Anarte advierte que la creación de contenido no es una mina de oro, aunque puede ofrecer más estabilidad que ciertos trabajos periodísticos independientes mal pagados.

Fitzgerald explica que su proyecto avanzó hacia la sostenibilidad, pero todavía necesita combinarlo con otros empleos.

Economía para la pípol ha desarrollado alianzas con empresas privadas, academia, organizaciones sociales y algunas entidades públicas. También experimenta con productos como camisetas y bolsas.

Su línea roja, según González, es no trabajar con políticos.

No existe un modelo único, pero sí una obligación común: explicar quién financia cada contenido.

Reglas mínimas para contenido patrocinado

La confianza se deteriora cuando una recomendación comercial se presenta como conclusión periodística independiente.

Un creador que informa debería:

  • identificar el patrocinio al inicio, no esconderlo al final;
  • nombrar a la organización que aportó recursos;
  • explicar si el patrocinador revisó o aprobó el contenido;
  • rechazar acuerdos que impidan preguntas o hallazgos críticos;
  • evitar cubrir como noticia a un cliente sin revelar la relación;
  • mantener contratos y decisiones editoriales separados;
  • no usar testimonios pagados como si fueran fuentes independientes.

La transparencia no elimina todos los conflictos, pero permite que la audiencia los evalúe.

La independencia ante políticos y gobiernos

Las plataformas ofrecen a dirigentes una vía para evitar entrevistas exigentes.

Una conversación con un creador puede llegar a millones de personas y, al mismo tiempo, excluir preguntas sobre decisiones públicas.

El caso mencionado por la Fundación Gabo es la entrevista del creador colombiano Westcol con el presidente Gustavo Petro, que alcanzó 2.2 millones de reproducciones en YouTube.

La cifra demuestra poder de distribución. No permite evaluar por sí sola la calidad periodística de la entrevista.

El criterio debe ser el contenido: preparación, contrapreguntas, contexto, contraste y capacidad de incomodar al poder cuando los hechos lo requieren.

Conexión emocional sin manipulación

La comunicación personal puede humanizar el periodismo.

Mostrar cómo se investigó una historia, reconocer incertidumbre y responder dudas ayuda a construir confianza.

Pero la cercanía también puede transformarse en dependencia emocional.

La audiencia puede defender a la figura incluso cuando se equivoca, mientras el creador aprende a convertir cualquier crítica en ataque contra su comunidad.

Una relación sana necesita límites: distinguir vida privada y trabajo, no movilizar seguidores contra fuentes o colegas y aceptar correcciones sin convertirlas en espectáculo.

Las correcciones como prueba de identidad periodística

En una plataforma acelerada, equivocarse es inevitable.

Lo que distingue a un proyecto no es la ausencia absoluta de errores, sino su respuesta.

Borrar un video sin explicación permite que la versión falsa continúe circulando en capturas y réplicas.

Una política adecuada debe dejar registro:

  • qué afirmación era incorrecta;
  • cuál es la información verificada;
  • cuándo se modificó la pieza;
  • si el error afectó el título, video, audio o conclusión.

La transparencia puede reducir una métrica temporal, pero fortalece la confianza a largo plazo.

Medir algo más que vistas

Las visualizaciones son fáciles de comparar y difíciles de interpretar.

Una vista no indica comprensión, confianza ni utilidad.

Los proyectos periodísticos deberían observar también:

  • tiempo de consumo;
  • lecturas o reproducciones completas;
  • preguntas recibidas;
  • correcciones y actualizaciones;
  • diversidad de fuentes;
  • impacto en comunidades concretas;
  • suscripciones o aportes recurrentes;
  • cambios públicos derivados de una investigación.

La meta no es despreciar el alcance. Es impedir que sea el único criterio.

La dependencia de plataformas ajenas

Construir una audiencia en redes no equivale a poseerla.

Una plataforma puede cambiar reglas, reducir alcance, cerrar una cuenta o modificar su sistema de monetización.

Un proyecto sostenible necesita canales propios:

  • sitio web y archivo accesible;
  • lista de correo;
  • base de suscriptores con consentimiento;
  • métodos de pago independientes;
  • copias de seguridad del contenido;
  • presencia distribuida en más de una plataforma.

La marca personal puede dar independencia frente a un medio y, simultáneamente, crear dependencia frente a una empresa tecnológica.

Seguridad y exposición

La visibilidad personal aumenta riesgos de acoso, suplantación, difusión de datos privados y amenazas.

Mostrar el rostro, la rutina y el espacio de trabajo puede fortalecer la relación con la audiencia, pero también revelar información útil para un agresor.

Los periodistas creadores necesitan separar cuentas, proteger accesos, limitar metadatos, establecer contactos de emergencia y evaluar qué partes de su vida no deben convertirse en contenido.

La autenticidad no exige transparencia total sobre la vida privada.

Qué deberían aprender los medios

Las redacciones pueden evitar una falsa elección entre rigor y conexión.

Necesitan:

  • dar espacio a voces con identidad propia;
  • adaptar formatos sin copiar el mismo contenido en todas las redes;
  • incorporar preguntas reales de la audiencia;
  • explicar procesos de investigación;
  • reconocer a quienes presentan sin invisibilizar al equipo;
  • compartir beneficios cuando la marca personal genera ingresos;
  • proteger a periodistas frente al acoso;
  • conservar estándares editoriales para contenido rápido.

Prohibir la marca personal puede empujar talento fuera de los medios. Explotarla sin acuerdos claros puede producir conflictos sobre propiedad, ingresos y responsabilidad.

Qué no deberían copiar

El periodismo no necesita adoptar todas las prácticas de la economía de creadores.

No debería copiar:

  • la publicación constante sin verificación;
  • la exageración como requisito de visibilidad;
  • el ocultamiento de patrocinios;
  • la mezcla indistinguible entre opinión y hechos;
  • la movilización de seguidores contra críticos;
  • la dependencia de una sola personalidad;
  • la presentación de acceso como prueba de independencia.

Innovar en formato no exige renunciar a la función de control.

¿Deben convertirse en influencers?

No todos los periodistas necesitan construir una audiencia personal ni aparecer frente a cámara.

Todos, sin embargo, deben comprender el ecosistema donde circula su trabajo.

Algunos se convertirán en creadores independientes. Otros trabajarán dentro de medios con presencia pública. Muchos aportarán desde investigación, edición, datos, fotografía o producción sin transformarse en figuras visibles.

La pregunta más útil no es si deben llamarse influencers.

Es si pueden aprovechar las nuevas formas de narrar sin abandonar aquello que justifica la confianza: evidencia, contexto, independencia, responsabilidad y capacidad de corregir.

La influencia es una consecuencia. El periodismo sigue siendo un método.


Fuente original: Tatiana Escárraga, “Nuevas formas de narrar: el camino que une a periodistas e influencers”, Fundación Gabo, 4 de junio de 2026.

Voces consultadas por la fuente: Enrique Anarte, María F. Fitzgerald y María Camila González.

Publicación compartida: Gerardo Albarrán de Alba / Sala de Prensa en X.

Imagen: creador ajustando un teléfono dentro de un aro de luz, con una segunda cámara al fondo. Fotografía de Ahmet Kurt / Unsplash, publicada por la Fundación Gabo.

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