Nuevas derechas y guerra cultural: la máquina reaccionaria que analiza Stefanoni

Las nuevas derechas no se limitan a proponer menos impuestos, reducir el Estado o defender posiciones conservadoras: también disputan el significado de la democracia, la libertad y la igualdad mediante una guerra cultural amplificada por redes sociales. Ese fenómeno ocupa el libro Un fantasma recorre el mundo. Cómo funciona la máquina de guerra reaccionaria (y qué podemos hacer para enfrentarla), del historiador argentino Pablo Stefanoni.

Rafael Rojas reseña la obra en el número de septiembre de 2026 de Letras Libres. Publicado por Siglo XXI y compuesto por 256 páginas, el volumen continúa una investigación que Stefanoni inició en ¿La rebeldía se volvió de derecha?, pero desplaza el foco hacia movimientos que ya salieron de los espacios digitales y alcanzaron gobiernos, parlamentos y organizaciones de masas.

Una derecha que rompe con sus antecesoras

Según la lectura de Rojas, Stefanoni identifica una diferencia fundamental entre las nuevas derechas y las fuerzas conservadoras o liberales que participaron en las transiciones democráticas de finales del siglo XX.

Las corrientes emergentes no solo atacan a una izquierda presentada como bloque homogéneo. También cuestionan a las derechas tradicionales por aceptar el pluralismo, la negociación parlamentaria y límites institucionales. La transgresión se convierte así en una identidad política: romper reglas puede presentarse como prueba de autenticidad frente a unas élites acusadas de cobardía o complicidad.

Agrupar bajo una sola etiqueta a líderes y movimientos de países distintos siempre implica riesgos. Sus políticas económicas, bases sociales y relaciones con las instituciones no son idénticas. El valor del análisis comparado está en buscar mecanismos compartidos sin borrar esas diferencias.

De la batalla cultural a la movilización afectiva

La disputa deja de centrarse únicamente en programas de gobierno y se traslada a valores, identidades y estilos de vida. Conceptos como “wokismo”, “globalismo”, “marxismo cultural”, ecologismo o corrección política se utilizan para reunir adversarios diversos dentro de una amenaza común.

Las redes sociales ofrecen un terreno favorable porque premian mensajes breves, conflictos visibles y respuestas emocionales. Una discusión compleja sobre derechos, migración o desigualdad puede transformarse en una sucesión de símbolos diseñados para provocar adhesión o rechazo inmediato.

Esto no significa que las críticas a los excesos identitarios sean automáticamente reaccionarias. Rojas destaca que Stefanoni también examina tensiones dentro de las izquierdas: ciertas expresiones del activismo contemporáneo pueden fragmentar demandas universales de igualdad y justicia social. El problema aparece cuando esa crítica sirve para justificar jerarquías raciales, sociales o nacionales.

¿Estamos ante un nuevo fascismo?

El libro aborda una de las preguntas más discutidas del debate político actual: si las nuevas derechas pueden definirse como fascistas. Stefanoni evita una equivalencia automática.

Los fascismos históricos surgieron en condiciones específicas: guerras europeas, revolución bolchevique, anticomunismo, movilización de masas y proyectos de reorganización total del Estado. Aplicar la misma palabra a cualquier autoritarismo contemporáneo puede ocultar diferencias decisivas.

Al mismo tiempo, el autor encuentra continuidades: la exaltación de una comunidad amenazada, el rechazo del pluralismo, la rehabilitación de desigualdades y la promesa de recuperar una grandeza perdida. La comparación resulta más útil cuando identifica prácticas y discursos concretos que cuando se utiliza solo como descalificación.

La nostalgia como herramienta política

La idea de decadencia ocupa un lugar central. Líderes de distintos países aseguran que la nación fue grande y que enemigos internos o externos la alejaron de ese pasado. El mensaje ofrece una explicación sencilla del malestar y promete restaurar orden, soberanía o prosperidad.

Rojas observa que la apelación a una edad dorada no pertenece exclusivamente a la derecha. Gobiernos ubicados a la izquierda también han construido relatos de recuperación nacional alrededor de gestas independentistas o civilizaciones originarias.

La semejanza no vuelve equivalentes todos esos proyectos. Sí muestra que el populismo puede organizar la política como una lucha entre un pueblo auténtico y quienes supuestamente le arrebataron su destino.

Israel, antisemitismo e islamofobia

Otra transformación analizada es la relación de las derechas radicales europeas con Israel. Movimientos históricamente vinculados con tradiciones antisemitas ahora pueden combinar respaldo al Gobierno israelí con islamofobia, euroescepticismo y simpatía por gobiernos autoritarios.

Stefanoni interpreta ese giro como parte de una recomposición ideológica. Conviene, sin embargo, distinguir entre el sionismo en sus múltiples corrientes, las decisiones del Gobierno israelí, los derechos de la población palestina y el antisemitismo. Fundir esas categorías impide comprender el conflicto y puede alimentar nuevas formas de odio.

América Latina y la concentración del poder

La reseña cierra con una advertencia regional. Después de experiencias autoritarias asociadas con gobiernos de izquierda, Rojas observa una nueva ola conectada con el ascenso global de las derechas radicales. En ambos casos, identifica tendencias hacia la concentración del poder, el personalismo y el debilitamiento de controles.

La comparación exige evaluar cada país con indicadores verificables: independencia judicial, libertad de prensa, condiciones electorales, límites a la reelección y capacidad de fiscalización. Las etiquetas ideológicas no bastan para medir la calidad democrática.

Comprender antes de responder

El aporte del libro, según la reseña, consiste en analizar los argumentos, redes y emociones que articulan a estos movimientos. Reducir a sus votantes a ignorancia o manipulación deja sin explicar por qué sus promesas encuentran eco.

Comprender no significa justificar el racismo, el autoritarismo o la violencia. Significa reconocer el malestar que permite su crecimiento, identificar cuándo una crítica legítima se convierte en rechazo del pluralismo y construir respuestas democráticas que ofrezcan algo más que condena moral.

Fuentes: Rafael Rojas, “Un fantasma descorre el mundo”, reseña publicada en Letras Libres, 1 de septiembre de 2026; ficha bibliográfica de Un fantasma recorre el mundo, de Pablo Stefanoni, Siglo XXI, 2026; y publicación de Sala de Prensa en X.

Imagen destacada: portada de Un fantasma recorre el mundo, de Pablo Stefanoni, publicada por Siglo XXI Editores y difundida por Sala de Prensa.

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