Autocensura en el periodismo: el silencio también puede ser violencia estructural

¿Qué ocurre cuando una persona periodista deja de investigar, preguntar o publicar no porque una autoridad haya dictado una prohibición formal, sino porque anticipa represalias? El silencio preventivo puede parecer una decisión individual, pero también puede ser el resultado de presiones políticas, económicas, laborales y culturales que terminan afectando el derecho colectivo a estar informado.

Ese es el punto de partida de La autocensura como forma de violencia, artículo de Francisco Raúl Casamadrid Pérez, académico de la Universidad Pedagógica Nacional de México. El trabajo fue publicado en el número 158 de Chasqui. Revista Latinoamericana de Comunicación, correspondiente a abril-julio de 2025, dentro del monográfico Ejercicio periodístico, violencias y criminalización de la protesta.

La censura que no necesita una orden escrita

La censura suele imaginarse como una prohibición visible: una oficina que retira una obra, una autoridad que amenaza a un medio o una ley que impide informar. La autocensura opera de manera menos evidente. Quien comunica evalúa el costo de hablar y decide omitir una pregunta, suavizar una conclusión o abandonar un tema antes de recibir una instrucción explícita.

Casamadrid plantea que esa conducta no siempre puede explicarse como simple prudencia personal. Cuando el entorno castiga sistemáticamente determinadas expresiones —mediante despidos, hostigamiento, precarización, estigmatización, violencia física o aislamiento profesional— el silencio se convierte en una respuesta aprendida. Por eso propone analizarlo como una forma de violencia estructural: el sistema condiciona lo que puede decirse, aunque no exista un censor identificable en cada caso.

El argumento es especialmente relevante para el periodismo. Si una redacción evita investigar a anunciantes, funcionarios, grupos criminales o actores con capacidad de represalia, el daño no termina en la libertad de quien escribe. También se reduce la información disponible para que la sociedad tome decisiones, vigile al poder y debata asuntos públicos.

Presiones económicas, políticas y culturales

El artículo revisa distintos factores que pueden producir autocensura. Entre ellos están la dependencia financiera de los medios, la concentración empresarial, la fragilidad laboral, el hostigamiento estatal y el riesgo de agresiones. A esas presiones materiales suma fenómenos culturales contemporáneos que pueden castigar opiniones mediante campañas de señalamiento o exclusión.

Conviene distinguir entre fenómenos que no son equivalentes. Una amenaza criminal, una orden empresarial, una crítica pública y una decisión editorial fundada en estándares éticos tienen naturaleza y gravedad distintas. Reunirlos bajo una sola etiqueta puede ocultar diferencias importantes. La aportación del texto está en abrir la pregunta sobre el efecto acumulado de esas presiones; no en demostrar que toda crítica social constituye censura ni que cualquier moderación sea violencia.

La edición periodística legítima exige verificar, contextualizar, proteger a personas vulnerables y corregir expresiones discriminatorias o afirmaciones sin sustento. Eso no equivale automáticamente a silenciar. La frontera aparece cuando los criterios editoriales se utilizan de manera opaca o selectiva para proteger intereses ajenos al derecho a la información.

Un ensayo teórico, no una medición estadística

El trabajo de Casamadrid es una reflexión teórica apoyada en revisión bibliográfica. No presenta una encuesta representativa de periodistas ni cuantifica cuántas notas dejan de publicarse. Esa limitación importa: sus conclusiones ayudan a construir categorías de análisis, pero no permiten afirmar por sí solas la frecuencia del fenómeno en una redacción o país concreto.

También exige discusión su uso de conceptos controvertidos como “cancelación cultural” y “wokeísmo”. Son términos empleados de maneras muy distintas en el debate público y, sin definiciones operativas precisas, pueden confundir crítica, rendición de cuentas, presión colectiva y censura. El valor del artículo aumenta cuando se lee como una invitación al debate y no como una equivalencia automática entre todas esas prácticas.

Cómo identificar la autocensura en una redacción

La autocensura es difícil de documentar porque deja pocos rastros: se manifiesta en preguntas que no se formularon, fuentes que no se consultaron o temas que nunca llegaron a una junta editorial. Aun así, pueden observarse señales:

  • temas descartados sin una justificación periodística clara;
  • trato desigual a actores con poder económico o político;
  • eliminación de datos verificados para evitar conflictos comerciales;
  • ausencia de protocolos para cubrir amenazas y proteger al personal;
  • precariedad laboral que vuelve costoso disentir de la línea empresarial;
  • uso rutinario de eufemismos para reducir la responsabilidad de fuentes poderosas.

La respuesta no consiste en exigir heroísmo individual. Las organizaciones periodísticas necesitan reglas transparentes, respaldo jurídico, mecanismos de seguridad, diversidad de fuentes de financiamiento y procesos de revisión que permitan discutir decisiones sin represalias. También se requieren políticas públicas que protejan la libertad de expresión sin convertir al Estado en árbitro del contenido legítimo.

El silencio también produce consecuencias

La tesis central del artículo puede resumirse así: cuando el miedo o la dependencia determinan de manera sistemática qué puede publicarse, el silencio deja de ser un asunto privado. Produce zonas sin vigilancia, normaliza abusos y debilita la conversación democrática.

Eso no elimina el deber de editar ni vuelve incuestionable toda expresión. La libertad de prensa convive con responsabilidades: verificar, rectificar, distinguir información de opinión y minimizar daños injustificados. Precisamente por ello, las decisiones de publicar o callar deben poder explicarse con criterios profesionales, no con la conveniencia de quienes tienen mayor capacidad de presión.

Fuentes: Francisco Raúl Casamadrid Pérez, La autocensura como forma de violencia, Chasqui 158; publicación de Sala de Prensa en X. Imagen destacada: primera página del artículo académico, reproducida con fines informativos; diseño atribuido a Chasqui.

Notas relacionadas

Síganos en redes

886FansMe gusta
0SuscriptoresSuscribirte
- Advertisement -

Opinión